Another Europe is Possible

I enjoyed yesterday our Left Unity meeting in York with Sam Fowles, from Another Europe is Possible, a new movement supporting Britain’s membership of the EU. I would like to express my enthusiasm for this initiative and share my most immediate reflections on the question of the forthcoming EU referendum in Britain:

Britain Stronger in Europe, the main pro-EU lobbying group, has designed an excellent product of political marketing that will convince many of the most conservative voters that Britain’s membership of the EU is a good thing. It touches upon 4 very relevant selling points for those voters in a very effective way.

However, despite the current advantage of the Yes in the surveys, their success is far from guaranteed. The Yes campaign may be persuasive but I think it is not motivating a sufficient number of people to actually set foot in the polling station. The emotional appeal of the different camps of the Yes campaign is not strong enough yet. There is not a brighter future to conquer by voting Yes, because we have been there already for four decades. There are no negative representations of Brexit as a looming reality for which we are utterly unprepared. No references to members of the establishment who would benefit from it. No antagonism. No enemy of the Nation. No anger. The passion, the dreams and the flags are still in the No side.

This lack of fire in the belly may be even worse amongst left-wing voters as they realise they are caught between a rock and a hard place. Their options are

a) To vote No, leave the EU and embark upon a very dodgy geopolitical adventure with Captain Murdoch, and Liu-Tenants Duncan Smith and Farage.

b) To vote Yes (boosting Cameron’s reputation as a State man) and endorse constitutionally an allegedly reformed EU that marginalises migrant workers and does not deal with the inherent democratic and social deficit of the EU and its members States. The outcome of an affirmative vote would be given some kind of “constitutional” value in the UK, as one-in-a-life time decision, preempting Britain’s involvement in any of the deep changes that the EU really needs.

c) To stay at home.

So how should the British Left go about supporting Britain’s membership and getting voters to actually turn up to the polling stations?

The British Left should defend UK membership as a crucial opportunity to contribute to the construction of a Europe of the People, as opposed to a Europe of the Corporations. Most of the economic, environmental, democratic and social challenges that we face in Britain cannot be tackled in isolation. They require, at least, European solutions because we live in a common physical space in which money, businesses, air and clouds will move with relative ease, whether we are part of the EU or not. No matter the colour of its Government, Britain would struggle outside the European Union to guarantee a prosperous future for its people because we would be set against the rest of Europe geopolitically and economically.

Additionally, the British Left has to engage far more actively and visibly at home and abroad with the political movements that demand, heroically, the democratisation of the EU and our economies, notably the anti-austerity movement and the pan-European radical democracy movement “Plan B for Europe”:

In relation to the latter, attention has to be paid to the specificity of Britain:

  1. The continental demands for a substantially more democratic Europe has a strong focus on the institutional architecture of the Single Currency, which we are not part of. The Plan B has its own dynamics, timing and agendas, as well as a combination of different national flavours and contexts.
  2. Britain will have a referendum soon and the Plan B discourse, highly critical with the EU institutions, may well backfire and detract support for the Yes vote amongst all types of voters.

Therefore any collaboration with the Plan B before the referendum must be carefully planned for it to be effective. The emphasis, in my view, has to be on radical democracy, generous activism, international unity, and our history of pan-European resistance to oppression and totalitarianism.

La regulación de los medios

Nuestra realidad política y económica, hasta en sus aspectos más íntimos e insospechados, se construye a diario a través de nuestra interacción con todo tipo de contenidos en los medios de comunicación. El poder que ejercen los creadores de opinión e información es real y eso convierte a los medios en un objetivo estratégico para muchas empresas e “inversores” ajenos al periodismo.

La aparición de las redes y comunidades digitales ha introducido variantes y dimensiones muy interesantes, ya que la producción de contenidos se descentraliza y agrupa en torno a diferentes ejes y principios, alterando nuestras concepciones sobre poder y medios.

Por eso, para hablar de regulación de medios de comunicación, no sólo hay que abordar cuestiones de concentración oligopólica y derechos profesionales, sino también de acceso y relevancia digital de contenidos. Por poner un ejemplo: ¿cómo funciona el algoritmo que Facebook usa para decidir qué publicaciones de nuestros amigos nos aparecen y cuáles no? ¿Introduce Facebook un sesgo que limita el alcance de la crítica política en su plataforma? Este quizás sea tema para otro artículo.

Vayamos al asunto que nos concierne: el de los medios convencionales.

En toda relación laboral y profesional se produce algún tipo de tensión, a veces muy dramática, entre los intereses del propietario/empleador y los de los distintos profesionales que participan en los procesos productivos.

Este es el punto de partida de mi reflexión: ¿Cómo resolver ese conflicto cotidiano entre lo que el director de una cadena de televisión o periódico decide que aparezca en las noticias, siguiendo las instrucciones, preferencias o “consejos” de los dueños, y lo que los periodistas quisieran haber podido reportar? En la mayoría de casos existe una relación pacífica en la que la autocensura del periodista y la acomodación mutua entre los distintos eslabones de la cadena editorial actúan de bálsamo. El que decide trabajar a La Razón, por poner un ejemplo, ya sabe dónde se mete.

Sin embargo, este tipo de relación jerárquica basada en la superioridad del propietario es perniciosa. Los titulares del derecho a informar y de la libertad de expresión no son, en el ámbito periodístico, los dueños de los medios. El papel del periodista y del editor no puede quedar reducido al de muñeco del ventrílocuo magnate. La pluralidad informativa no se alcanza ofreciéndole al público una variedad de marcas entre las que elegir, como sucede en el mercado de los refrescos de cola o en el de las cadenas de hamburguesas, y sugiriendo eso de “si no le gusta, cambie de canal”

Por ello a me gustaría abrir, en primer lugar, un debate sobre medios privados en torno a dos temas:

1. ¿Cómo establecer garantías especiales en la relación laboral que permitan al trabajador periodista sentirse con la autonomía suficiente como para negarse a lo que, a su propio juicio, suponga una vulneración de los principios de veracidad y relevancia que rigen su trabajo?

Este tipo de garantías son especialmente difíciles de articular legalmente de forma efectiva dado que muchos periodistas trabajan produciendo crónicas por las que se les paga en régimen de arrendamiento de servicios. Otros tienen contratos temporales. Hay también muchos trabajadores disfrazados de becarios contra su voluntad. Existe además mucha su contratación de programas y mucha dependencia de agencias. La precariedad campa a sus anchas.

Aun así, es perfectamente factible introducir un blindaje especial de la protección laboral de muchos de los trabajadores de los grandes grupos de comunicación privados y públicos. El modelo de contrato se puede establecer como requisito obligatorio en toda empresa que sea concesionaria de cualquier licencia de ocupación de espacio radiofónico o televisivo. El papel de los sindicatos y organizaciones profesionales sería fundamental en el debate, definición, implementación y revisión de estas medidas legislativas.

2. ¿Cómo conseguir que las líneas editoriales respondan a criterios profesionales, a la orientación del medio y a su relación con la audiencia y no a los caprichos de los propietarios? En este caso la solución es la transparencia total, la democracia y la colegialidad.

Para empezar, las directrices editoriales sobre el tratamiento informativo de temas y eventos dentro de un medio o una sección de un medio deben ser comunicadas por escrito y deben ser consensuadas por un comité editorial profesional interno que de forma colegiada comparta las responsabilidades editoriales.

Esas directrices editoriales pueden ser renovadas con la periodicidad que se requiera. Para temas que se cubren con regularidad y que hasta cierto punto sean previsibles, no hará falta cambiar las directrices a menudo. Para otro tipo de asuntos, por ejemplo una catástrofe o un ataque terrorista, el comité editorial tendrá que mantenerse reunido permanentemente e ir acordando las directrices que procedan según se desarrollen los acontecimientos.

Lo importante de estas directrices es que 1) deben ser comunicadas, en sus puntos básicos, siempre por escrito, para que haya constancia, y 2) definirán, con valor contractual, el marco de autonomía profesional del periodista ante cada noticia.

De ese modo las directrices no sólo se convierten en una herramienta de disuasión ante los abusos editoriales sino en un elemento clave en el mecanismo de protección laboral del periodista. En pocas palabras: el periodista que respeta esas directrices no puede ser sancionado ni despedido por incumplimiento de contrato.

Obviamente, si estas medidas legislativas se pusieran en marcha los medios de comunicación privados dejarían de ser un sector atractivo a los que invierten en ellos con el fin de obtener ventajas políticas y económicas a cambio de favores mediáticos a los políticos u a otras empresas. Es muy posible que algunos accionistas pusieran en venta sus participaciones el día que se anunciaran estas medidas. Respuesta: A enemigo que huye, puente de plata. Esto nos ahorraría muchos esfuerzos regulatorios en materia de concentración empresarial.

¿Qué consecuencias tendría la salida del capital de magnates e inversores ajenos a los medios del sector privado? Los ERE volarían en algunos medios.

Y es ahí donde entran en juego los medios públicos y los autogestionados como empleadores alternativos para muchos de estos trabajadores.

Necesitamos unos medios públicos que sean ejemplo de transparencia y profesionalidad y que estén preparados para hacer frente a los retos educativos, cívicos y comunicativos de la sociedad digital. En este sentido la BBC (antes de que el gobierno de David Cameron empezara a amenazar a sus directivos y empleados con un cambio en la fórmula de financiación) es un ejemplo a tener en cuenta en algunos aspectos.

Los objetivos de esta nueva red de medios serían:

  1. ofrecer información profesional, honesta y  atractiva;
  2. la producción de contenidos de alta calidad para escuelas, universidades, empresas y público en general;
  3. la articulación del debate y la participación ciudadana en torno a asuntos de interés público;
  4. convertirse en un medio de calidad respetado internacionalmente que atraiga audiencias globales;
  5. liderar la innovación en tecnologías educativas y de la comunicación.

Por supuesto, para poner en marcha este gran proyecto harían falta más profesionales, algunos de los cuales provendrían de medios privados en quiebra, y también fuentes de financiación variadas, incluyendo venta de programas y servicios al sector privado y a otras cadenas del mundo.

Este medio público, o red de medios, tendría los siguientes principios constitucionales:

  1. la vocación de servicio público;
  2. la transparencia en la toma de decisiones editoriales;
  3. la colegialidad y democracia interna
  4. y el respeto a la autonomía profesional y los derechos laborales de los trabajadores de la información.

En en cuanto a su gobernanza, los consejos rectores tendrían una composición lo suficientemente diversa como para impedir la manipulación política del gobierno de turno. Se crearían mecanismos para permitir la participación de los ciudadanos, los sindicatos y las organizaciones profesionales en la toma de decisiones.

Además de medios públicos robustos y eficaces también necesitamos más medios privados en los que los protagonistas sean sus profesionales, por supuesto. El Estado debe facilitar y apoyar la creación de cooperativas de trabajadores de la información que asuman la gestión de medios que vayan a ser abandonados por sus propietarios. Estas cooperativas también pueden jugar un papel importante prestando servicios especializados a los medios públicos. Hay otros modelos muy interesantes, como el de el Diario.com, que merecen ser considerados. El Diario.com es una empresa privada con accionistas que son periodistas que tiene socios, lectores, que apoyan el medio.

Y en cuanto a la concentración de medios en manos de pocos propietarios, una breve observación: me preocupa mucho y hay que regularla, pero es posible que la regulación por sí sola no resuelva el problema de la manipulación interesada de la información. De hecho, la manipulación descarada se da tanto en los medios grandes como en las pequeñas empresas que disfrutan licencias concedidas por las Comunidades Autónomas, o en los pequeños medios digitales “independientes” y cavernarios.

Creo que si se aborda primero el estatus profesional del periodismo y su democratización en un entorno laboral, y esto provoca una reestructuración del sector de medios privados, la solución regulatoria para el tema de la propiedad será mucho menos complicada legislativamente y por tanto estará menos abierta al fraude y será más fácil de administrar.

Las ciber-utopías de un mundo mucho más libre e interconectado están cada vez más cerca. Los poderes públicos deben garantizar que las herramientas y plataformas comunicativas que permiten avanzar hacia un mundo mejor, más colaborativo y justo, están al servicio del pueblo, de la comunidad global, no al servicio de los de oscuras corporaciones privadas y magnates.

Adiós, PP, adiós Humanidades

Se acerca el final del PP. Es hora de recapitular. Debemos empezar a reconocerle sus “méritos” cuanto antes, para darle mayor resonancia a esas salvas de honor con las que toda la gente de bien de nuestro país y del resto del mundo le despedirán.

Por mi parte, me gustaría contribuir a este ejercicio ascético y colectivo dando fe del papel desempeñado por el partido de Aguirre, Bárcenas, Rajoy y tantos otros a la redefinición en nuestro país de las Humanidades y el conocimiento crítico.

Como todos sabemos, durante los dos periodos de gobierno PP (1996-2004 y 2011-2015) se promovieron con gran éxito, coincidiendo con la revolución digital, numerosos centros de conocimiento de inspiración pseudo-cristiana. En paralelo, los viejos programas de estudio provenientes de la “raída escolástica” fueron transformándose en atractivos “grados” por los que había que pagar cada vez más. Con el fin de impulsar la movilidad social, el nivel de exigencia académica de estos estudios era inversamente proporcional a la renta de los padres del estudiante. “Que aprendan más los pobres, que más falta les hace, jóder”, era uno de los lemas de esta brillante generación de hombres y mujeres de Estado.

En este contexto, y al socaire del proceso de depuración neocarlista del pasado puesto en marcha en círculos pseudo-liberales subpirenáicos, surge una metodología histórica que ha sido comparada, por su carácter disruptivo, con inventos como el paraguas o el caramelo con corazón de chicle. Se trata del “materialismo dialéctico-futbolístico”, una verdadera cosmovisión alternativa para la interpretación de un mundo como el nuestro, contaminado y deformado por los marxismos.

Pero ¿cómo se aplica el “materialismo dialéctico-futbolístico” a la historia?

Todo buen historiador debe partir de la siguiente premisa: hay conceptos que tienen una esencia casi intemporal como la “libertad”, “el Islam”, “España” o la “democracia” que funcionan a modo de balones de fútbol. La historia, pues, se entiende como un partido de fútbol, más o menos rápido en función de la audiencia, en el que los distintos personajes históricos que mejor conocemos, o que mejor nos caen, se van pasando la pelota.

Veamos un ejemplo de la metodología en cuestión aplicando el concepto “democracia” a la explicación crítica de las últimas Guerras globales en Oriente Medio:

El portero Dios saca de puerta. El lateral izquierdo, a la sazón editor jefe del Deuteronomio, recibe la “democracia” y se la cruza a San Pablo. Tras varios toma-y-dacas en un centro del terreno dominado por las comunidades cristianas y los cruzados, El Guerrero del Antifaz le pega un regate en corto a Mahoma que lo deja sentado. Lutero, que había entrado a sustituir al lesionado Torquemada, se hace con la “democracia”. Lutero se la pasa al capitán del May Flower, éste le centra a un Jefferson que se encuentra con espacio. Esta acción es aplaudida por la Ilustración española, incombustible e incondicional en su Fondo Sur desde el principio del partido. Jefferson avanza y le sirve en bandeja a Tony Blair, que venía lanzado. Éste da un toque rápido de puntera a la “democracia”, se escora a la derecha y de un cañonazo marca un tanto histórico, batiendo al portero Sadam: Democracia 1- Fanatismo 0. Final de la primera parte. Los Hermanos Musulmanes se retiran cabizbajos al vestuario.

Este materialismo dialéctico-futbolístico está muy en consonancia con los tiempos que nos han tocado vivir. Gracias a él, la industria librera y los consumidores podrán ahorrarse miles de páginas. Además, se facilitará la concentración de todo el conocimiento humano en una serie de panfletos-blog y vídeo-conferencias impartidas en centros para-universitarios para su digitalización masiva y posterior almacenamiento en la iCloud.

Los directivos de una conocida tienda digital han confirmado que para el año 2016 todos los archivos mundiales estarán disponibles también en almacenaje fuera de red. Esta opción es la mejor forma de proteger nuestro legado cultural de cualquier ciber-ataque yihadista. De este modo, todos aquellos que quieran custodiar en su propio hogar el santo grial del conocimiento, podrán hacerlo sin dificultad. Está previsto que el lápiz óptico de 16GB salga por 26.66 € e incluya de regalo una jamonera y un rosario.

Dios salve al PP por su visión de juego. Ahora a fichar a algún Mourinho y ya rematamos.

Rectificar es de sabios

El nuevo portavoz parlamentario de economía del Partido Laborista, John McDonell, un economista brillante comprometido con la justicia social, anunció el 25 de septiembre que su grupo parlamentario apoyaría el compromiso fiscal del gobierno conservador, parte de su Budget Charter, o Carta Presupuestaria, y anunció que votarían a favor.

El “compromiso” consistía en obligar al Estado legalmente a no incurrir en déficit en ciclos económicos “normales”. La decisión de qué es “normal” quedaría en manos de la llamada Oficina de Responsabilidad Presupuestaria que, a día de hoy, establece que si la economía crece por encima del 1% anual, hay “normalidad”. (Sobre el tema del crecimiento económico escribí algo interesante hace poco: “Crecimiento sin Empleo”).

El apoyo de los laboristas a la Carta Presupuestaria desconcertó a mucha gente en la izquierda real. La mayoría de comentaristas lo interpretaron como un gesto conciliador de los laboristas de cara al público y al establishment: los laboristas son gente responsable que nunca gastará por encima de las posibilidades del Estado. Yo mismo lo defendí (“Living within our means?”) como algo que no era necesariamente malo porque pienso que el compromiso de no gastar más de lo que se tiene también obliga a recaudar mucho más, no sólo a contener el déficit. Y aquí en Gran Bretaña hay tantísimo por recaudar… Somos la oficina central de los paraísos fiscales.

Sin embargo, y para sorpresa de todos, el portavoz de Economía Laborista anunció el lunes 12 de octubre que su grupo parlamentario iba a votar en contra de ese compromiso, que habían cambiado de opinión. John McDonell explicó muy bien por qué habían tomado esa decisión y creo que tiene mucha razón tal y como lo presenta. Hay coherencia.

Este U-turn (“giro de 180 grados” en inglés) ha sido criticadísimo por los medios británicos que están, unánimente, en contra del nuevo líder laborista, Jeremy Corbyn, que fue quien nombró a McDonell arropado por un masivo apoyo de las bases de izquierda. Por cierto, La postura de los medios, que dependen de los bancos, de las empresas anunciadoras y, en el caso de la BBC, de un Partido Conservador que ha amenazado con recortarle su autonomía, no es de extrañar. Corbyn es un socialista real, no como Tony Blair y su panda. (Ojalá en Inglaterra tuviéramos algún medio de comunicación que decidiera destetarse del capitalismo financiero, como en España ha sucedido con algún periódico en línea. Otro gallo nos cantaría, aquí y en Europa).

Pero es que además en nuestra sociedad británica cambiar de opinión está muy mal visto. Los británicos son unos fanáticos de la previsibilidad. Por eso les gusta la puntualidad, la planificación detallada, la prevención de riesgos, los seguros, las estadísticas, todo tipo de anuncios y avisos… La indignación de mucha gente por el viraje de los Laboristas se debe sobre todo a que rompe con esa convención social y cultural que a veces explica esa amable cabezonería de los europeos del norte. Las palabras que se usaron para valorar el viraje laborista eran muy fuertes. Incluso los más refinados, en una sociedad donde la mesura expresiva es un atributo de las clases medias y altas, usaban términos como “shambolic” (caótico, incompetente, desastroso).

Pues bien, yo le doy la bienvenida a esta nueva forma de hacer política sabía, valiente y sin prejuicios: los errores más estúpidos que cometemos son los que no rectificamos.

Espero que en España, donde somos campeones mundiales de la genial improvisación (la coherente), la gente no se avergüence de rectificar en las elecciones del 20-D.

Tony Martin-Woods 2015

CC BY-NC-SA

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Independence for Catalonia?

Catalonia is a politically divided nation whose future as an independent State is not clear. In today’s elections, with a record breaking percentage of participation, the separatist electoral coalition, JuntsPelSí, Together For Yes, has obtained 62 seats in the parliament, short of 6 seats to achieve a majority. This coalition, which presents itself as a civic platform, is made up by 3 main components:

1. CDC, the centre-right nationalist party that dominated Catalan politics for more than 2 decades, crippled by serious cases of financial and political corruption. CDC’s stance about the national question has evolved over the last 7 years from supporting an enhanced Statute of Autonomy that recognises Catalonia as a nation within the Spanish State to demanding total independence. This shift has been provoked by a combination of circumstances, including the rejection by the Constitutional Court, dominated by the Spanish right-wing Popular Party, of important sections of the enhanced 2006 Statute of Autonomy that had been passed in the Spanish Parliament, the Catalan Parliament and the Catalan people in a referendum. As CDC embraced independence, their Catalan Cristian Democrats allies, UDC, left the long term coalition they had nurtured together for more than 3 decades.

2. The left-wing ERC, founded in 1931, traditionally much more radical than CDC in terms of national aspirations, although relatively pragmatic as well, as they participated in a coalition government in Catalonia with non-independentist parties between 2003 and 2010 that managed to get approved the 2006 enhanced Statute of Autonomy.

3. The National Assembly of Catalonia, an organisation which brings together the grassroots of the hyperactive and successful independence movement. Although they are not a party, they have been a key player in the work of JuntsPelSí.

The other party that supports independence, the CUP, a radical left wing and grassroots democracy party which is not part of the JuntsPelSí coalition, has obtained 10 seats. This gives a majority of seats of 4 in the Catalan Parliament to the pro-independence parties. However, the pro-independence movement does not have a clear run ahead:

1. The percentage of votes obtained by pro-independence parties is only 48%, far less than the 90% support given in 1978 to the current Spanish Constitution in Catalonia or the backing received by any of the successive Catalan Statutes of Autonomy.

2. An agreement between CUP and JuntsPelSí would be complex and would probably generate huge political tensions. The CUP questions the capitalist economic model defended by the majority of Catalan parties. They are real socialists who want to transform society. The CUP are also less amenable to half-way solutions when it comes to self-determination. They are calling for active civil desobedience against Spanish laws. Their attitude contrasts with the hugely pragmatic spirit of many of the conservative middle-class voters of JuntsPelSí, who, truly, would be happy now with a status of fiscal independence for Catalonia, like the one that the Basque Country enjoys since 1979.

3. The cracks between JuntsPelSí are obvious, not only because ERC is betraying its left-wing credentials by teaming up with the Catalan section of the Spanish economic Establishment. The current President of Catalonia, Artur Mas, the top candidate from CDC, was only the number four in the list of the JuntsPelSí, despite the seniority of his party in the coalition. The fact that he is expected to face criminal prosecution for serious and continued episodes of corruption may have played a role. Worryingly for this coalition, the percentage of votes that they obtained by presenting themselves as a united front for independence is lower than the percentage they obtained as separate parties in 2012. They have managed to shout louder, thanks to their total control of Catalan public media, they have persuaded an important part of the population to support independence, but their parties have not grown in number of votes.

4. The Spanish elections in December 2015 will hopefully bring the reign of the right wing PP to an end, which will have a positive effect in the relations with Catalonia. Their results in this Catalan elections have been the worst ever. Their contribution as a national party in government to the moral, economic and political decline of Spain will be remembered for centuries. It is difficult to imagine a more inept leader than Mariano Rajoy. The political clumsiness of the PP in the handling of the Catalan question and the economy, coupled by their inherently corrupt nature as an organisation, would make you chuckle if it wasn’t so sad. As soon as the PP are out, a lot of people, including myself, will feel less embarrassed of being associated in anyway to Spain

There is a popular outcry for independence in Catalonia, louder and more colourful than ever, independence is utterly cool, but the Catalans who want to remain in Spain are still a majority, the quiet majority.

Living within our means?

John McDonnell, the new Labour Shadow Chancellor, is right in backing the idea of “living within our means”. Delivering a surplus in current (not investment) expenditure is for a majority of people in this country a sensible thing to do nowadays.

However, committing to a policy of no-deficit should not mean an acceptance of the current ideological and cognitive framework of “Austerity“, which presents us with a political path in which reduction of public expenditure and poverty are the default options.

In order to challenge Austerity, the idea of “Living within our means” should be used to turn the focus on what those means are, where they are and whose they are, shifting the public debate to the revenue side of the fiscal equation. The evasiveness of wealth, which often implies that we do not know who the real owners of the moneys are or whether the moneys are legitimate, has to be blamed for the cutbacks, the struggles with the public debt and the rampant deficit.

McDonnell should commission a team of advisors dedicated exclusively to explore the archives of Private Eye and beef up the public debate, in Parliament, the Media etc, about tax evasion and corporate-government corruption.

Britain cannot continue to be nurturing and protecting her parasitical network of fiscal and financial pirates. The links between government, the state, its territories and the dodgy wealth need to be exposed on a daily basis and linked to specific policy proposals by Labour. The trickle down theory and the corporate / wealth relocation myth must be challenged actively. This is the territory where Labour can deliver the necessary punches to bring down the Tory regime, dignify our economy and make the real scroungers pay their share.

Picture from mydavidcameron.com

Adèu Cataluña, hola Catalunya

No estoy en contra del derecho de autodeterminación estatal de nadie. Es más, creo que la autodeterminación como forma de escapar de un régimen político intrínsecamente corrupto como el español y tantos otros, incluyendo el británico o el catalán, por ejemplo, es muy legítima. También acepto la autodeterminación estatal como forma de expresar la propia riqueza político-emocional y cultural, o de formular nuestras aspiraciones con la gente que nos rodea en nuestra propia comunidad o entorno. Yo mismo me autodetermino, culturalmente y políticamente, muy a menudo. El derecho internacional que contempla la autodeterminación estatal como fórmula descolonizadora o como remedio frente a la violación de derechos políticos y culturales es insuficiente para dar respuesta a los deseos legítimos y democráticos de la gente. El mundo ha cambiado.

En el caso que nos concierne, Cataluña, este tipo de análisis en abstracto me resulta personalmente más difícil. Para mí hay tanta cultura y vivencias comunes que comparto con muchos amigos y amigas catalanes, y seguro que con otros catalanes a los que no conozco, que me resulta extraño que de pronto dejemos de compartir nacionalidad o espacio político estatal. Y cuando “siento España”, uno de mis dos Países-Estado (el otro es Gran Bretaña), y pienso en sus problemas, sus culturas y sus gentes, siempre incluyó e incluiré a Cataluña en mi imaginario personal de lo que es España. Y siendo natural de Lorca (Murcia), me siento personalmente, por supuesto, mucho más catalán que griego o portugués. Soy libre de imaginarme lo que yo quiera ¿no? Al fin y al cabo las naciones son fundamentalmente fenómenos psico-sociales.

Me queda el consuelo de que este proceso de independencia ha conseguido que mucha gente se replantee el tema de las identidades nacionales y su necesaria pluralidad. Es imprescindible para el progreso humano que aceptemos que en un solo corazón caben muchas lealtades “nacionales”. El modelo de Estado-nación del Siglo XIX nos imponía una exclusividad unitaria inspirada en la religión monoteísta, en la monarquia absoluta, en el Romanticismo y en las creencias raciales: un solo pueblo, un solo Dios, un solo rey, una sola nación. ¿Por qué no se pueden tener varias patrias nacionales a la vez? En nuestro modelo de relaciones familiares tenemos lealtades emocionales muy intensas, incondicionales y múltiples (padres, madres, hijos, hermanos…), lo cual es mucho más natural, civilizado y práctico. La exclusividad es casi siempre perniciosa.

El tema de la posible independencia de Cataluña es también para mí muy revelador de lo que somos “nacionalmente”, tanto los españoles como los catalanes, por otras razones:

Sin quitarle mérito a los que han promovido con éxito la causa independentista y a quienes han promovido la nacionalidad catalana desde la segunda mitad del Siglo XIX, no me cabe duda de que el independentismo ha conseguido movilizar una masa mayoritaria gracias a las torpezas de sus esperpénticos rivales. Enumeremos algunas:

-El clamoroso fracaso moral, cultural, constitucional, económico y operacional del Partido Popular, liderado antes por un ignorante fanfarrón y ahora por una reencarnación híbrida de Carlos II hinchado a esteroides y Franco con barba. El rechazo del Estatut de Catalunya es probablemente su metedura de pata más decisiva, pero no se puede negar que la incompetencia demostrada por el PP ha sido continuada y profunda.

-La mediocridad política de la otra máquina de poder corrupto (¡Ay, Andalucía!), el PSOE, vendida también al neoliberalismo;

-La bilis premeditada de demagogos como Federico Jiménez Losantos, que a pesar de su pátina liberal alimenta el españolismo más zafio y chulesco;

Todas estas disfuncionalidades españolas, y otras, ha sido usadas en la propaganda independentista de forma muy eficaz en la reedición de un imaginario de “lo español” que no hace justicia de una gran mayoría de españoles y que es tristemente dañino. La interpretación torcida del tema de las balanzas fiscales también ha contribuido mucho a potenciar ese imaginario popular del español rudo, pobre, vago y mantenido.

Esto no quiere decir que el futuro Estado-nación catalán tenga una legitimidad de origen peor que la de Francia o España o los Estados Unidos. Muchos Estados-nación que se me vienen a la cabeza han sido forjados territorialmente con una combinación de violencia y manipulación política, educativa, empresarial y cultural, por una parte, y de procesos de socialización más “limpios” y orgánicos, liderados a veces por verdaderos héroes, por otra. Hoy en día eso de los cañonazos en Europa, afortunadamente, está muy mal visto. Pero la propaganda engañosa sigue operando en muchos nacionalismos, incluyendo el catalán. Hacer pasar a un grupo de gente muy variado, en la era de la comunicación y la libertad de expresión, por un mismo aro nacional es algo más que una obra de ingeniería política, aunque se comparta una lengua y un sentir común como en Cataluña.

Tengo mis dudas serias de que “esta independencia” vaya a ser buena para los catalanes de a pie. Si pienso en los compañeros de viaje del independentismo, Artur Mas y sus secuaces, no me puedo imaginar un nuevo Estado-nación catalán al servicio del pueblo. No es, ni puede ser, un proyecto de soberanía real. Las élites catalanas y las españolas son una misma cosa. Estamos hablando de criminales financieros y fiscales, como Pujol o Rato, y de sus encubridores. En este sentido solo las CUP y Catalunya Sí Que Es Pot, (aunque yo

pueda discrepar en el tema de la independencia) me parecen opciones honestas que inspiran confianza. La alianza ERC-CDC le ha dado la puntilla a Cataluña.

Los retos políticos, económicos y culturales a los que nos enfrentamos en Europa, se resuelven mejor con Estados fuertes (no necesariamente centralizados) que puedan reivindicar con nosotros, con la gente, nuestra soberanía popular. Estos Estados fuertes son los únicos que tienen las herramientas y la envergadura necesarias para plantar cara a los poderes fácticos de forma efectiva. Ante la creciente pujanza de las organizaciones del capital y de los Estados-nación a su servicio, la opción de ocupar democráticamente esos espacios del Estado es la más clara. Es el único resquicio por donde penetrar.

Es cierto que el estatismo no es la panacea y que entraña sus peligros. Hay mucho trabajo que hacer en la democracia de base, la inteligencia colectiva y en la soberanía comunitaria. Pero ese cambio social orgánico necesita procesos sustentados en cambios culturales y políticos paralelos que van, naturalmente, más despacio. Ahora nos urge tomar el Estado. Y si Cataluña se separa, será mucho más difícil tanto para los españoles como para los catalanes alcanzar algún tipo de soberanía económica, social, educativa y política real, porque separados somos más débiles. Mientras nosotros agarramos banderas, ellos se frotan las manos.

¡Salut!

Con Corbyn, sí se puede

La victoria de Jeremy Corbyn es un acontecimiento de magnitud histórica para Gran Bretaña y para Europa. Después de casi dos décadas de confusión (o perversión) ideológica, el Partido Laborista puede reivindicar de nuevo como suyos los valores de la decencia, la justicia, la tolerancia, la compasión y el juego limpio (estos valores se los había apropiado furtivamente la derecha, dándoles el controvertido nombre de “valores británicos“). El apoyo masivo y el entusiasmo popular que Corbyn ha generado hacen que me sienta muy orgulloso de ser parte activa de la vida de este país.

Hay mucho trabajo por delante. En este país no es oro todo lo que reluce. La desigualdad campa a sus anchas. El tener trabajo no te saca de la pobreza. Hay mucha ignorancia debido al poder abrumador de los medios de comunicación nacionalistas de derechas. El establishment político, mediático y financiero británico es tan corrupto como el de España, y mucho más influyente e interconectado globalmente. Las puertas giratorias y los pelotazos son el pan nuestro de cada día en los Tories (la derecha). Los partidos pueden aceptar donaciones de millonarios y empresas a cambio de todo tipo de favores. Las corporaciones se organizan fiscalmente de manera que pagan impuestos, muy pocos, “a la carta”. La diferencia con el comportamiento de “La Casta” en España es que aquí en el Reino Unido la corrupción es mucho mas fina y sutil, está solo al alcance de una minoría de privilegiados y opera en un régimen legal que hace imposible perseguirla. La gente de a pie no podemos, ni queremos, ser corruptos. El sistema (legal y cultural) lo impide. A quienes tengan curiosidad por este tema les recomiendo que lean la famosa revista “Prívate Eye”.

Las implicaciones para Europa de estos resultados son importantes. Corbyn y los que le apoyamos queremos una UE al servicio de la gente, no de las grandes corporaciones, y estamos convencidos de que para tener una Europa próspera, justa y feliz, hay que reclamar la soberanía financiera para nuestros Estados y pueblos y para la Unión en su conjunto. Eso solo se consigue con cambios políticos que pongan a la gente como protagonistas de su destino.

¿Qué debe hacer Corbyn ahora?

Como dije en en otro artículo, The Corbyn Identity, su prioridad debe ser la reforma de los procedimientos de participación política dentro del Partido Laborista. Es necesario abrirse mucho más a los miembros, simpatizantes y afiliados del Partido Laborista (hay tres formas de militancia en estos momentos) y al resto de la sociedad. Pero este cambio no urge solo por una cuestión de principios. La única forma de conseguir que los diputados laboristas que defienden unas políticas y un discurso de centro (muchas veces por razones de estrategia) se sumen a este proyecto de justicia y dignidad de Corbyn es someterlos, a través de la democracia interna, al escrutinio y al mandato democráticos. En este país a las élites les gusta presumir de ser ejemplo de democracia, entre otras cosas para mantener al pueblo engatusado. Gran Bretaña como faro del mundo libre. A los medios y políticos de derechas les resultará difícil justificar sus críticas a un Corbyn volcado en agendas democratizadoras.

¿Y las reivindicaciones políticas, sociales y económicas? ¿Debe Corbyn descuidarlas en su trabajo parlamentario y de comunicación pública?

No. Lo que sugiero es que “descentralice” mucho el debate público sobre temas económicos y sociales. Que permita que sea su propia militancia, los expertos y las organizaciones sociales y políticas progresistas las que lideren esas conversaciones y reivindicaciones. Que sea el tejido social que respalda las políticas de Corbyn el que lleve la voz cantante. Y que Corbyn y el laborismo escuchen esas demandas y las traduzcan en clave parlamentaria, durante los próximos cuatro años de oposición, pero siempre reconociéndolas como demandas populares. Como en mi anterior sugerencia, esto no es solo una cuestión de principios: Corbyn necesita contrarrestar la imagen de visionario quijotesco y solitario que la prensa de derechas, dominante, le ha asignado y que forma parte de toda una narrativa de descrédito ideológico al que nos tendremos que enfrentar con uñas, dientes y cabeza.

Es hora de la gente en Gran Brataña y en Europa.

The Corbyn Identity

In the last 2 months I have been listening to loads of opinions about Corbyn and the obstacles he faces. The most valuable one at this stage of play comes from a very knowledgable and experienced friend and comrade. He told me that, in reality, the True Blairites are a tiny minority of MPs and that the vast majority of MPs are hugely pragmatic people who will not want to upset the grassroots and will be able to adapt to the new landscape.

At the end of the day, you can’t deny that the survival and winning instinct is in the MPs’ DNA. Some of them are even very good actors and quick learners: my friend tells me that he knows of one MP who expressed support for different 3 candidates, including Corbyn, in front of different audiences.

The Blair Identity, a project of mental infiltration in the Labour Party that probably inspired the script writers of the film The Bourne Identity, may turn out to be a flop (an expensive one for the country). Jason Labour has now discovered the details of the plot and is sorting things out.

So, should the Corbynistas relax?

Not at all. The internal opposition to Corbyn, not just from True Blairites, is real. The political fight for quotas of power and the debate for alternative policies will continue. There are huge tasks ahead. But, as I suggested in a previous post (Corbyn’s Survival), reinventing grassroots democracy in the Party is not only a key issue for Corbyn. It should become his overwhelming priority too.

Why?

It is essential in itself, as a matter of principle. But also, think about this: We in Britain like to think that we are world champions of democracy. A democratising agenda, of the party and the country, would be a great asset that no right-wing media would dare to contest. It would also bring plenty of “communication opportunities” to the Corbynista camp. There is so much rot in the governance of UK PLC. Just read the Private Eye.

What about the socio-economic agenda?

Whilst remaining committed to the general principles of increased social rights and public ownership, and being a strong opposition, Corbyn should allow the grassroots of the party, the experts in social issues and the anti-austerity movements to take a stronger lead in this conversation. They can be more “radical” than the Parliamentary Labour Party. Collaborative revolution.

The general elections are not here yet. Let’s build strategically. The future of he country is at stake and we cannot waste this opportunity.

Refugees welcome?

Malcolm Rifkind (not sir, sir), the prominent Tory MP who was caught on camera by Channel 4 allegedly trying to sell his political favours to a Chinese investor, has treated us all today in the BBC, which is increasingly biased towards their new Conservative Masters, to a refined, yet disgusting, distinction between refugees worth protecting and the rest.

To summarise his position, for this man of grave voice and dubious ethics, refugees are welcome in our Disunited Kingdom only if they flee from war zones. He claims that once they are “safe” in a refugee camp in a neighbouring country, like Lebanon or Turkey, their desire to travel to Europe is an indication of other issues at play.

Let’s make it clear, Malcolm, in a language that power people like you can understand better than no one else: why don’t you piss off to Jordan to live in a tent in the desert? You have had already a good free ride as a member of the elite all these years, so it is only just that you start picking up the slack. You have made loads of money, for you and all the faceless corporations you have “served”, which I am sure you can use in the refugees camps for all sort of good deeds. Ah, and you advocated military interventions in Libya and Syria. Perhaps you would like to say sorry in person to some of the victims of your political “errors of judgement”.

It would be unfair for Malcolm to omit a reference to all those smug inhuman beings who will certainly support his views. I saw some of them last night in Twitter and on TV saying they didn’t want to have refugees in Britain. They are the same lot who do not want migrants, or anyone different to them, nearby. I propose to have a public register where these individual can indicate, by posting their postcode, that they are not willing to have refugees and migrants in their neighbourhood. That way we can spare the poor victims of war and the global crisis of capitalism of the undesirable company of these uncivil members of society.

Everyone has the right to escape from poor living conditions. The aspiration to live and work in peace and good health is legitimate. At this time in history the question is not whether we bring down borders but how we do so. It is urgent.

Picture from Foreign and Commonwealth Office used under the Open Government Licence v1.0