Trouble at T’Till

TROUBLE AT T’TILL

Unwanted guests for the weekend
White socks in the night club
Lousy friends on facebook
Tatty jackets in your wardrobe

Asbestos in your garage
Termites in the loft
Weeds in your patio cracks
Children with nits
A wooden shed full of rot

And Trots in the party
Fucking Trots in the party

Unexpected item in the bagging area
Unexpected item in the bagging area

Tony Martin-Woods

Written in the morning of the 15 August 2016 following media coverage of Tom Watson’s statements about Troskyst “infiltration” in the Labour Party.

Image from Flickr: The Little Spinner, Newberry, South Carolina by Lewis W. Hine, 1908 (LOC).

 

Anochece que no es poco en Brexit

Day 2 in the Brexit House. Los medios y los televidentes hemos disfrutado de lo lindo. Seguro que los políticos no tanto.

 

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Boris Johnson, alcalde conservador de Londres, se ha convertido en todo un símbolo del brexismo. La naturalidad exultante de sus ademanes de niño rico travieso que se ha comido la caja de bombones a veces juega a su favor, a veces en su contra. Hoy las cámaras de todos los telediarios le han encontrado a Boris su lado rebelde: A la entrada de Westminster, los periodistas le atosigaban mientras él respondía con chascarrillos. Con su anorak, su bici, su mochila y su gorro del Metro de Londres, Boris se perfilaba tras las lentes mojadas de las cámaras que lo perseguían como un personaje atormentado. Sus tribulaciones: haber roto aún más su partido, enfrentarse a su amigo de la juventud David Cameron, ser acusado de egocéntrico que usa su postura poppulista para promoverse como sucesor de Cameron y haber contribuido al batacazo de la libra esterlina, que hoy alcanzó su mínimo de los últimos 7 años frente al dólar.

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Ya los asientos del Parlamento, desde un rincón del gallinero, rodeado de caras expectantes, lanzó su única pregunta al Primer Ministro, su amigo David Cameron, sobre la soberanía británica.

 

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En los labios del adolescente enfadado Boris se leyó muy claramente la palabra “rubbish” (basura) tras escuchar la respuesta.

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David Cameron ha sido la antítesis de Boris Johnson: nítido, bien peinado, elocuente, preparado para esta gran ocasión de Estado y hasta sarcástico, en su justa medida. Normalmente gris y sin filo, el Primer Ministro se crece ante la dificultad y puede brillar en su oratoria cuando realmente hace falta.

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También ha estado muy bien el líder de la Oposición, el laborista Jeremy Corbyn, que ha recordado que lo importante de Europa no es el acuerdo alcanzado por David Cameron, sino su potencial como espacio de cooperación y comercio. Ha reconocido la necesidad de mejorar la Unión, para que este al servicio de la gente. A pesar de la grosería de un diputado conservador que lo ha interrumpido, Corbyn ha estado a la altura de Cameron y ha demostrado sentido de Estado sin abandonar sus principios socialistas. Todo un ejemplo en Europa.

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Por último, la entrevista del genial Jon Snow, de Channel 4, en las afueras del Parlamento, a la Secretaria de Estado de Empresas, Anna Soubry, y a Nigel Farage, el polémico líder del partido brexista y anti-inmigración UKIP. Un cínico desaprensivo disfrazado de tío majo. Se me antojaba un duelo entre iguales, pero Soubry le ha dado un repaso bastante completo a Nigel Farage, cuyo machismo simpaticón de terciopelo no le funciona con mujeres hábiles. Soubry, con una astucia cautivadora, ha sabido plantear muy bien la entrevista y  ha dejado a Farage sin argumentos, hasta el punto de forzarlo a decir que ni siquiera quería para Gran Bretaña un estatus de Estado asociado con la UE como el que tienen Noruega y Suiza, que forman parte del Área Económica Europea. “Entonces ¿con quién estaremos aliados en Europa?”, preguntaba la Secretaria de Estado. “Con nadie. Nosotros solos. Independientes”, respondía Farage humillado. La mirada de Soubry merecería un párrafo aparte.

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Y es que la principal baza de los Unionistas, o “Remainers” (de “remain”, quedarse), es que la salida abriría un periodo de dos años de gran incertidumbre tras el cual se consumaría la separación y que nadie en absoluto puede predecir con un mínimo de rigor lo que sucedería con las exportaciones británicas, con la copiosa inversión exterior que recibe y en general con su situación geopolítica. Es muy triste que se tenga que polarizar la campaña entre los dos bandos conservadores: el de los nacionalistas románticos desinformados, que se creen que Gran Bretaña es la Hija de la Polla Roja y que serán de nuevo un imperio, como dice la canción de los Nikkis, y los pragmáticos civilizados que apelan a la incertidumbre económica para que nada, o muy poco, cambie en política. Hace falta ilusión por Europa, por una nueva Europa.

En fin, afortunadamente no es Brexit todo lo que reluce, más bien al contrario.

Rectificar es de sabios

El nuevo portavoz parlamentario de economía del Partido Laborista, John McDonell, un economista brillante comprometido con la justicia social, anunció el 25 de septiembre que su grupo parlamentario apoyaría el compromiso fiscal del gobierno conservador, parte de su Budget Charter, o Carta Presupuestaria, y anunció que votarían a favor.

El “compromiso” consistía en obligar al Estado legalmente a no incurrir en déficit en ciclos económicos “normales”. La decisión de qué es “normal” quedaría en manos de la llamada Oficina de Responsabilidad Presupuestaria que, a día de hoy, establece que si la economía crece por encima del 1% anual, hay “normalidad”. (Sobre el tema del crecimiento económico escribí algo interesante hace poco: “Crecimiento sin Empleo”).

El apoyo de los laboristas a la Carta Presupuestaria desconcertó a mucha gente en la izquierda real. La mayoría de comentaristas lo interpretaron como un gesto conciliador de los laboristas de cara al público y al establishment: los laboristas son gente responsable que nunca gastará por encima de las posibilidades del Estado. Yo mismo lo defendí (“Living within our means?”) como algo que no era necesariamente malo porque pienso que el compromiso de no gastar más de lo que se tiene también obliga a recaudar mucho más, no sólo a contener el déficit. Y aquí en Gran Bretaña hay tantísimo por recaudar… Somos la oficina central de los paraísos fiscales.

Sin embargo, y para sorpresa de todos, el portavoz de Economía Laborista anunció el lunes 12 de octubre que su grupo parlamentario iba a votar en contra de ese compromiso, que habían cambiado de opinión. John McDonell explicó muy bien por qué habían tomado esa decisión y creo que tiene mucha razón tal y como lo presenta. Hay coherencia.

Este U-turn (“giro de 180 grados” en inglés) ha sido criticadísimo por los medios británicos que están, unánimente, en contra del nuevo líder laborista, Jeremy Corbyn, que fue quien nombró a McDonell arropado por un masivo apoyo de las bases de izquierda. Por cierto, La postura de los medios, que dependen de los bancos, de las empresas anunciadoras y, en el caso de la BBC, de un Partido Conservador que ha amenazado con recortarle su autonomía, no es de extrañar. Corbyn es un socialista real, no como Tony Blair y su panda. (Ojalá en Inglaterra tuviéramos algún medio de comunicación que decidiera destetarse del capitalismo financiero, como en España ha sucedido con algún periódico en línea. Otro gallo nos cantaría, aquí y en Europa).

Pero es que además en nuestra sociedad británica cambiar de opinión está muy mal visto. Los británicos son unos fanáticos de la previsibilidad. Por eso les gusta la puntualidad, la planificación detallada, la prevención de riesgos, los seguros, las estadísticas, todo tipo de anuncios y avisos… La indignación de mucha gente por el viraje de los Laboristas se debe sobre todo a que rompe con esa convención social y cultural que a veces explica esa amable cabezonería de los europeos del norte. Las palabras que se usaron para valorar el viraje laborista eran muy fuertes. Incluso los más refinados, en una sociedad donde la mesura expresiva es un atributo de las clases medias y altas, usaban términos como “shambolic” (caótico, incompetente, desastroso).

Pues bien, yo le doy la bienvenida a esta nueva forma de hacer política sabía, valiente y sin prejuicios: los errores más estúpidos que cometemos son los que no rectificamos.

Espero que en España, donde somos campeones mundiales de la genial improvisación (la coherente), la gente no se avergüence de rectificar en las elecciones del 20-D.

Tony Martin-Woods 2015

CC BY-NC-SA

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Con Corbyn, sí se puede

La victoria de Jeremy Corbyn es un acontecimiento de magnitud histórica para Gran Bretaña y para Europa. Después de casi dos décadas de confusión (o perversión) ideológica, el Partido Laborista puede reivindicar de nuevo como suyos los valores de la decencia, la justicia, la tolerancia, la compasión y el juego limpio (estos valores se los había apropiado furtivamente la derecha, dándoles el controvertido nombre de “valores británicos“). El apoyo masivo y el entusiasmo popular que Corbyn ha generado hacen que me sienta muy orgulloso de ser parte activa de la vida de este país.

Hay mucho trabajo por delante. En este país no es oro todo lo que reluce. La desigualdad campa a sus anchas. El tener trabajo no te saca de la pobreza. Hay mucha ignorancia debido al poder abrumador de los medios de comunicación nacionalistas de derechas. El establishment político, mediático y financiero británico es tan corrupto como el de España, y mucho más influyente e interconectado globalmente. Las puertas giratorias y los pelotazos son el pan nuestro de cada día en los Tories (la derecha). Los partidos pueden aceptar donaciones de millonarios y empresas a cambio de todo tipo de favores. Las corporaciones se organizan fiscalmente de manera que pagan impuestos, muy pocos, “a la carta”. La diferencia con el comportamiento de “La Casta” en España es que aquí en el Reino Unido la corrupción es mucho mas fina y sutil, está solo al alcance de una minoría de privilegiados y opera en un régimen legal que hace imposible perseguirla. La gente de a pie no podemos, ni queremos, ser corruptos. El sistema (legal y cultural) lo impide. A quienes tengan curiosidad por este tema les recomiendo que lean la famosa revista “Prívate Eye”.

Las implicaciones para Europa de estos resultados son importantes. Corbyn y los que le apoyamos queremos una UE al servicio de la gente, no de las grandes corporaciones, y estamos convencidos de que para tener una Europa próspera, justa y feliz, hay que reclamar la soberanía financiera para nuestros Estados y pueblos y para la Unión en su conjunto. Eso solo se consigue con cambios políticos que pongan a la gente como protagonistas de su destino.

¿Qué debe hacer Corbyn ahora?

Como dije en en otro artículo, The Corbyn Identity, su prioridad debe ser la reforma de los procedimientos de participación política dentro del Partido Laborista. Es necesario abrirse mucho más a los miembros, simpatizantes y afiliados del Partido Laborista (hay tres formas de militancia en estos momentos) y al resto de la sociedad. Pero este cambio no urge solo por una cuestión de principios. La única forma de conseguir que los diputados laboristas que defienden unas políticas y un discurso de centro (muchas veces por razones de estrategia) se sumen a este proyecto de justicia y dignidad de Corbyn es someterlos, a través de la democracia interna, al escrutinio y al mandato democráticos. En este país a las élites les gusta presumir de ser ejemplo de democracia, entre otras cosas para mantener al pueblo engatusado. Gran Bretaña como faro del mundo libre. A los medios y políticos de derechas les resultará difícil justificar sus críticas a un Corbyn volcado en agendas democratizadoras.

¿Y las reivindicaciones políticas, sociales y económicas? ¿Debe Corbyn descuidarlas en su trabajo parlamentario y de comunicación pública?

No. Lo que sugiero es que “descentralice” mucho el debate público sobre temas económicos y sociales. Que permita que sea su propia militancia, los expertos y las organizaciones sociales y políticas progresistas las que lideren esas conversaciones y reivindicaciones. Que sea el tejido social que respalda las políticas de Corbyn el que lleve la voz cantante. Y que Corbyn y el laborismo escuchen esas demandas y las traduzcan en clave parlamentaria, durante los próximos cuatro años de oposición, pero siempre reconociéndolas como demandas populares. Como en mi anterior sugerencia, esto no es solo una cuestión de principios: Corbyn necesita contrarrestar la imagen de visionario quijotesco y solitario que la prensa de derechas, dominante, le ha asignado y que forma parte de toda una narrativa de descrédito ideológico al que nos tendremos que enfrentar con uñas, dientes y cabeza.

Es hora de la gente en Gran Brataña y en Europa.

Corbyn’s Survival

I have just read an interesting piece of Matthew D’Ancona in the Guardian. He suggests that Labour MPs will not respect Corbyn and will bring him down. His concerns are fully justified.

What should Corbyn do when he wins?

He will have to introduce new mechanisms of participation in the party, with a strong online component, to enable members and supporters, at local and national levels, scrutinise and direct more closely the political action of Labour MPs.

Obviously, the representative nature of the mandate of MPs and their relationship with their constituencies cannot be constitutionally altered overnight.

However, Labour MPs and party officers will have to be very careful not to contradict the party members and supporters when working on parliamentary initiatives or when deciding the direction of their vote. Ideally, they would have to engage with them more regularly when designing party policy and the electoral programme.

What are the requirements for this democratic transformation of Labour?

a) the participation mechanisms will have to be fair, secure and accessible;

b) the engagement with the members and supporters will have to be sensible and gradual yet motivating and politically empowering, combining wisely presential and remote engagement;

c) the introduction of e-democracy in the Labour Party has to conceived not only as a mechanism to articulate decision-making and improve accountability but also as a

  • a learning process for the members, the supporters and the party itself
  • and as tool to build a community of practice.

There are have been cases of misuse of online participation, of course, but in this country we have now plenty of expertise to ensure these requirements are met.

If Corbyn and his supporters are committed to building a stronger organisation and become a movement for social change, this is the way forward (and the only way to ensure his survival as leader!)

Entryists fear not

The Labour Party is in turmoil. The New Labour establishment, and some sectors of the media, are terrified by the Corbyn-mania. The avalanche of new supporters is being exaggeratedly linked to Radical Left “entryists” and Tory trolls.

Interestingly, the term “natural supporter” has been used in some quarters to refer to the people who should be allowed to join Labour as supporters, as opposed to those who shouldn’t. This is, sadly, a term that does not help to differentiate much. Blair’s New Labour associated itself with the world of business and with highly successful, economically, individuals. More recently, Labour has shown support for many of the economic and social policies of the Tories. Hence almost anyone could be a “natural supporter” of Labour nowadays, even those who criticise migrants and benefit claimants, even those who defend austerity, or those who aren’t bothered about zero hour contracts.

Should the party do anything about people who are believed to have signed up as supporters or members with the intention of harming the organisation?

Yes, they should. Party officers can and should research cases of infiltration of people who have no loyalty whatsoever to the organisation, people who are not genuinely prepared to support it under any circumstances. If there are indications of ill motives, the party should challenge the people concerned in order to give them a chance to explain themselves and come clean (if they can). At this point it is very important to delegate this type of enquiry to local branches, as they know better the people in their neighbourhood.

What if someone is a member of a left wing organisation?

If the person genuinely wants to help the Labour Party to be a stronger and more appealing and successful organisation, the applicant should be allowed to become a supporter, even if s/he has been critical of Labour or s/he militates in another organisation. The key requirement should be simply good will.

The future 

I believe the future for the Left in the UK lies on the idea of multi-party platforms, as explained recently by Stephen Moss in the Guardian. This is the formula which has already catapulted the Real Left to the power in Madrid and Barcelona, in Spain. You can read more about it in an article I wrote for Left Unity.

If we want to stand effectively for the principles of social justice that inspired the creation of the Labour Party and for the future of our public services, our children and our environment, we in the Left need to get used to the idea of multi-layered and fluid organisational loyalties.

¿Un Podemos dentro del PSOE? El caso inglés

¿Te imaginas que de la noche a la mañana el PSOE eligiera un nuevo líder que propusiera políticas similares a las de IU o de Podemos? ¿A que es ciencia ficción? Pues algo así parece estar sucediendo en Gran Bretaña.

En mayo de 2015 el Partido Laborista puso en marcha su proceso interno de elección de líder del partido. Un candidato de izquierda radical, Jeremy Corbyn, se coló en la carrera al recibir, por los pelos y en tiempo de descuento, las 35 nominaciones de diputados requeridas para presentarse al puesto (algunos de los diputados que lo nominaron confiesan que lo hicieron simplemente para generar debate). Los otros tres candidatos, que contaban con el beneplácito de los “grandes” del partido, partían con expectativas considerables, pero en cuestión de semanas el numero de simpatizantes inscritos y afiliados al partido (con derecho a voto) se disparó y los oficialistas se hundieron en las encuestas. Corbyn es ahora el claro favorito.

Las votaciones han comenzado esta semana y se prolongarán hasta mediados de septiembre. Hay un verdadero entusiasmo entre los sectores más progresistas de la sociedad británica. La Corbyn-manía es imparable, a pesar de las zancadillas mediáticas recibidas, y es un fenómeno que tiene apoyo popular real entre los votantes laboristas, digan lo que digan los administradores del Partido Laborista, quienes han puesto en marcha una purga de afiliados draconiana para detectar “entristas” de otros partidos de izquierda, así como Tories, derechistas, que quieren que Corbyn salga elegido porque creen que eso significaría el fin de los laboristas.

¿Cómo es posible que al aparato del Partido Laborista, controlado por los herederos de Tony Blair, se les haya “colado” Jeremy Corbyn?

Para entender este acontecimiento desde una perspectiva española hay que tener en cuenta dos cosas 1) El Partido Laborista en realidad solo es comparable al PSOE en cuanto a la orientación de sus respectivas políticas oficiales. Ambos partidos, a distintos ritmos, han abrazado en las últimas décadas la economía de mercado “libre”, donde la iniciativa corporativa es la norma, como único sistema posible. Sin embargo, hay diferencias fundamentales de naturaleza histórica, orgánica y organizativa entre los dos partidos. 2) Los sistemas parlamentarios de ambos países son muy distintos.

Aquí está la explicación a muy grandes rasgos:

1. Existen “tendencias”, oficialmente reconocidas dentro del Partido Laborista, de izquierda socialista, aunque son muy minoritarias. Sigue habiendo activistas dentro del partido que han continuado denunciando tropelías como la Guerra de Irak, los crímenes contra Palestina o la austeridad. Jeremy Corbyn es una de esas voces limpias del laborismo radical. Al cobijo de la agrupación local del partido del barrio londinense de Islington, donde lo han venido seleccionando como candidato parlamentario desde los 80, Corbyn ha sobrevivido como diputado. Obviamente,  ha votado en contra de muchas iniciativas parlamentarias laboristas contrarias a sus principios durante varias décadas.

2. Es cierto que el descontento con el “nuevo laborismo” de Tony Blair ha empujado a muchos laboristas reales a dejar el partido o simplemente entrar en un estado de hibernación, pero otros continuaron dentro, convencidos de que esa organización era, histórica y políticamente, más suya que de los blairistas. Los partidos políticos de izquierda real fuera del laborismo, al contrario que en España, carecen representación parlamentaria, con la excepción de los Verdes, que tienen un diputado. El sistema electoral británico es mucho más implacable con las minorías a nivel estatal que el español.

3. Por ultimo, recordemos que Partido Laborista fue fundado por los sindicatos para servir de ala política parlamentaria de la Clase Trabajadora. Los sindicatos más fuertes del país siguen siendo hoy día el principal contribuyente económico del partido, en un país donde no hay subvenciones directas a los partidos (ni a los sindicatos). Los “modernizadores” de Tony Blair, con sus propios donantes de fondos al Partido Laborista, tienen, al contrario que las élites del PSOE, una oposición interna substancial y que sigue contando, aunque diezmada, con medios para plantar cara al establishment.

¿Qué futuro le espera al Partido Laborista si Corbyn consigue ganar? ¿Escisión? ¿Empoderamiento popular?

¿Es posible que los partidarios de Corbyn, entre los me cuento a pesar de no militar en el Partido Laborista, podamos construir una alternativa real y sólida al neoliberalismo, en este país y en Europa?