Brexit: La división de la derecha

Hoy se ha anunciado la fecha del referéndum en el que los británicos deben decidir si Gran Bretaña abandona la UE o si permanece en ella, bajo las nuevas condiciones que el Primer Ministro conservador David Cameron ha conseguido extraerles al resto de Estados miembros. Será el 23 de junio de 2016.

Destacados miembros del Partido Conservador se han alineado en las dos campañas antagonistas, la del Sí y la del No, las cuales están a su vez divididas en diversas facciones.

Por un lado, dos pesos pesados del Partido Conservador, Michael Gove e Ian Duncan Smith, están desde ayer galvanizando a los numerosísimos militantes y cargos conservadores que reclaman la Brexit (Salida de Gran Bretaña de la UE). El poderoso grupo mediático de Rupert Murdoch y periódicos como el Daily Telegraph no sólo apoyan la Brexit, sino que han contribuido durante años a crear y difundir toda suerte de mitos sobre la UE que han calado profundamente en una gran parte de la sociedad. Los rebeldes conservadores compartirán campaña con el otro partido de la derecha, UKIP, que fue creado precisamente como respuesta anti-europea y anti-inmigración a la tibieza de los conservadores euro-pragmáticos.

Mientras tanto, David Cameron y su Chancellor of the Exchequer, George Osborne, defienden el Sí huyendo instintivamente de aventuras geopolíticas arriesgadas. Recuérdese que hasta Obama va a apoyar la permanencia del país en la UE y que una parte importante de las grandes empresas británicas, hasta un 80% según el Financial Times, va a hacer lo mismo.

El alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, se ha decantado públicamente esta tarde por la Brexit. Su decisión es tremendamente importante no sólo por el gran respeto del que goza en todo su partido y entre parte del público. El pronunciamiento de Johnson nos da una idea de la brecha abierta en la clase empresarial británica en torno a la cuestión europea. Como alcalde de la City of London, mayor centro financiero del mundo, es indudable que Johnson cuenta con el visto bueno de las “instituciones financieras” privadas. La escisión de la clase financiera con respecto a la élite industrial se hace cada vez más patente.

¿Y por qué a los poderes financieros les interesa apoyar la Brexit en estos momentos? David Cameron no ha conseguido en sus negociaciones del fin de semana pasado el derecho a veto de los países de fuera de la Eurozona a las decisiones que se tomen en el núcleo duro de la Unión Monetaria. Eso tiene implicaciones para el sector financiero británico. Tarde o temprano el Euro necesitará una arquitectura política e institucional más firme. Inevitablemente se ejercerán competencias en materias que afectarán a la primacía de Londres como centro financiero en la UE (y que le darían a Frankfurt, su rival continental, el señoreaje que demanda). Además, los intereses de los operadores londinenses, que en realidad carecen de nacionalidad, estarían también en juego si hubiera algún tipo de acuerdo en torno a la deuda entre los países de la Eurozona, lo cual sería posible también sin contar con Gran Bretaña. Por eso, una parte de la City of London, después de muchos años de ambigüedad silente, confirma ahora su órdago secesionista. La reformulación de la gobernanza del Euro aún no ha madurado, la salida de Gran Bretaña provocaría un gran choque que paralizaría la Unión y generaría incertidumbre en torno al euro y a la libra. Debilitar a los Estados es la estrategia de una deudocracia cuyos intereses se alejan cada vez más de los de la economía real.

La única conclusión esperanzadora de todo esto es la constatación, una vez más, de que el “Establishment” o clase dominante de un país no es un bloque homogéneo que actúa siempre con un propósito común. La izquierda en Europa debe aprender a entender y usar estas divisiones.

Por un Gobierno de los Sueños

 

Me siento muy decepcionado con Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y su equipo. Seguramente se deba a que soy una de esas miles de personas que contribuimos a su ascenso político y que en tan solo unos meses dejamos de ser inocentes útiles para convertimos primero en corriente crítica, que suena muy guay y respetable, y finalmente en amargos mochileros, en capital humano desaprovechado por Podemos.

 

En mi caso, este tránsito emocional y político tuvo un dimensión humorística y literaria. En el poema “Activismo“, que escribí en otoño de 2012 para criticar a la Izquierda de salón, terminé cambiando esta estrofa

 

“En el nombre de Marx / y de El País / y de Iñaki Gabilondo, / Amén”

 

por esta otra

 

“En el nombre de Laclau / y de Errejón / y de Juan Carlos Monedero / Amén”

 

La primera reescritura de este poema, que aparece ahora en “Los viajes de Diosa” y que ha pasado a llamarse “Activismo 2.0“, se produjo en el invierno de 2014-15, pero luego durante el verano de 2015 fui añadiéndole algunos ingredientes nuevos. Sin embargo, el punto de inflexión personal se había producido ya en el otoño de 2014. Mis compañeros de Podemos Leeds recordarán cuando resumí la cordial visita que recibimos del ahora diputado Eduardo Maura en octubre de 2104 con la frase “Bienvenido Míster Maura”.

 

No obstante, aún conservo esperanzas. Por eso he decidido compartir mi “Manifiesto por un Gobierno de los Sueños”, ahora que lo padres y apóstoles San Pedro S. y San Pablo I. se afanan por poner el primer huevo pétreo de esta Iglesia de la Izquierda:

 

Sueño con que Pedro Sánchez sepa diferenciar entre la substancia y la escenificación de la misma y que se pongan de acuerdo pronto con Podemos (Solo desde un Gobierno con Podemos podrá renovar y salvar su partido).

 

Sueño con que esa llamada a los medios que Iglesias hizo ( ¡A mí la Televisión! ) para que retransmitan las negociaciones con PSOE e IU para formar gobierno se repita muy a menudo y que podamos ser los demás los que les enviemos las cámaras a otras de sus muchas reuniones.

 

Sueño con que desde el nuevo gobierno no se empiecen a repartir puestos de todo tipo con criterios de afinidad pablista-sanchezista. Por ejemplo, ya sabemos que cualquier persona de la calle podría ser mejor embajador de España en el Reino Unido que el pepero Federico Trillo, acosado por el Caso Bárcenas, pero, por favor, que el nuevo gobierno ponga un embajador o embajadora en Londres que entienda, con perspectiva propia y lealtad a nuestro gobierno y su pueblo, cuáles son los retos de las relaciones entre Gran Bretaña, banco de pruebas del capitalismo salvaje, y una España que debe liderar el cambio en Europa.

 

Sueño con que Iglesias y Errejón sean tan despiadados y astutos con la Casta Española (que en realidad es solo un burdo y sórdido apéndice de la europea) y con la Casta Global como lo fueron con sus inocentes opositores internos y con IU. (Y sueño con que el hecho de que ya apenas usen ese término “casta” se deba solamente a algún tipo de razonamiento electoralista).

 

Sueño con que en realidad Iglesias y Errejón estén en contacto directo y permanente con Varoufakis y que el hecho de que sus nombres no aparezcan en la lista de primeras firmas de la reunión en España del Plan B por Europa (febrero 2016) se deba simplemente a cuestiones de estrategia o imagen, como por ejemplo quedar bien con “Los Mercados”, con Prisa o con Ana Botín.

 

Sueño con que Ada Colau (la gran figura de la política catalana y española del Siglo XXI) les haya impuesto a Iglesias y Errejón como condición, en secreto, a cambio de su apoyo el 20D, que la confluencia estatal de la Izquierda se consume sin humillación, cainismo o fagotización.

 

Sueño con que se creen pronto muchos empleos de calidad en España. Pero como eso no puede suceder con el actual programa de Podemos (ni con el de ninguno de los 4 principales partidos), sueño con que tras un año en el Gobierno se decidan a poner en marcha un Plan de Trabajo Garantizado con el dinero que, para entonces, habrán conseguido que la UE y Draghi (a cambio Dios sabe de qué).

 

Sueño con que Anticapitalistas sigan dentro en Podemos.

 

Sueño con que muchos amigos abandonen en su discurso el “rupturismo” (La Izquierda no ha venido a romper nada. Es la Casta la que ya ha destrozado el Estado Social y su propio modelo).

 

Sueño con que tengamos un gobierno fuerte, democratizado, competente y muy socialista el día en que una nueva e inevitable quiebra del sistema financiero se produzca. No se sabe exactamente cuándo, pero se acerca ya y hay muy poco que los gobiernos puedan hacer para prevenirla con el abanico de políticas que se manejan en la actualidad.

 

Comparto en definitiva muchos sueños con mis compañeras y compañeros de Izquierda Unida, Podemos, Unidad Popular, de las Confluencias y con todas las personas de bien en Europa que luchamos por una sociedad verdaderamente democrática y justa donde las personas, con nuestra dignidad y nuestra libertad (y no las corporaciones anónimas de responsabilidad limitada) seamos las protagonistas.

https://youtu.be/n6KOGRxeYHY

 

 

Feliz Navidad de parte de Diosa

Cuando los pobres pastores cayeron en la cuenta de que en realidad el cielo albergaba suficientes estrellas para todos ellos y para todas sus descendencias por los eones de los eones, sus corazones se inundaron de amor e hicieron las paces para siempre. Como hacía frío, quemaron unos libros de justicia hipócrita que había por allí. Desde ese momento, dejaron de buscarme. (Diosa 3 12)

Al crecerme la vida

Nos crecen los años. Nos crece la vida. Vídeo tomado en El Campo de San Jorge (Leeds, Inglaterra), lugar mágico que aparece en la fotografía de la contraportada de Los viajes de Diosa. Poema titulado “Al crecerme vida” (Los viajes de Diosa).

Pepe

Poema de Los viajes de Diosa dedicado a las víctimas del sistema capitalista, depredador y salvaje, y a quienes se solidarizan con ellas con su generosidad personal y política. Con la esperanza de que se produzcan cada vez más eclipses de esas lunas cuadradas y frías, de esas neveras limpias y peladas que se abren en la oscuridad de la cocina. Con el deseo de que muchos bienhechores, como Pepe, a quien a veces se le ve camino del cajero automático acompañado de gente que necesita dinero para alimentar a sus familias, avancen desde su hermosa generosidad a la solidaridad transformadora. La crisis es el producto de la negligencia de los mal llamados “creadores de riqueza” y de la incompetencia de los políticos. Ningún “contrato único” ni ninguna promesa de crecimiento económico privado puede aliviar esta situación. Necesitamos tomar conciencia de las razones que hay detrás de tanto sufrimiento para encontrar soluciones adecuadas y duraderas.

La regulación de los medios

Nuestra realidad política y económica, hasta en sus aspectos más íntimos e insospechados, se construye a diario a través de nuestra interacción con todo tipo de contenidos en los medios de comunicación. El poder que ejercen los creadores de opinión e información es real y eso convierte a los medios en un objetivo estratégico para muchas empresas e “inversores” ajenos al periodismo.

La aparición de las redes y comunidades digitales ha introducido variantes y dimensiones muy interesantes, ya que la producción de contenidos se descentraliza y agrupa en torno a diferentes ejes y principios, alterando nuestras concepciones sobre poder y medios.

Por eso, para hablar de regulación de medios de comunicación, no sólo hay que abordar cuestiones de concentración oligopólica y derechos profesionales, sino también de acceso y relevancia digital de contenidos. Por poner un ejemplo: ¿cómo funciona el algoritmo que Facebook usa para decidir qué publicaciones de nuestros amigos nos aparecen y cuáles no? ¿Introduce Facebook un sesgo que limita el alcance de la crítica política en su plataforma? Este quizás sea tema para otro artículo.

Vayamos al asunto que nos concierne: el de los medios convencionales.

En toda relación laboral y profesional se produce algún tipo de tensión, a veces muy dramática, entre los intereses del propietario/empleador y los de los distintos profesionales que participan en los procesos productivos.

Este es el punto de partida de mi reflexión: ¿Cómo resolver ese conflicto cotidiano entre lo que el director de una cadena de televisión o periódico decide que aparezca en las noticias, siguiendo las instrucciones, preferencias o “consejos” de los dueños, y lo que los periodistas quisieran haber podido reportar? En la mayoría de casos existe una relación pacífica en la que la autocensura del periodista y la acomodación mutua entre los distintos eslabones de la cadena editorial actúan de bálsamo. El que decide trabajar a La Razón, por poner un ejemplo, ya sabe dónde se mete.

Sin embargo, este tipo de relación jerárquica basada en la superioridad del propietario es perniciosa. Los titulares del derecho a informar y de la libertad de expresión no son, en el ámbito periodístico, los dueños de los medios. El papel del periodista y del editor no puede quedar reducido al de muñeco del ventrílocuo magnate. La pluralidad informativa no se alcanza ofreciéndole al público una variedad de marcas entre las que elegir, como sucede en el mercado de los refrescos de cola o en el de las cadenas de hamburguesas, y sugiriendo eso de “si no le gusta, cambie de canal”

Por ello a me gustaría abrir, en primer lugar, un debate sobre medios privados en torno a dos temas:

1. ¿Cómo establecer garantías especiales en la relación laboral que permitan al trabajador periodista sentirse con la autonomía suficiente como para negarse a lo que, a su propio juicio, suponga una vulneración de los principios de veracidad y relevancia que rigen su trabajo?

Este tipo de garantías son especialmente difíciles de articular legalmente de forma efectiva dado que muchos periodistas trabajan produciendo crónicas por las que se les paga en régimen de arrendamiento de servicios. Otros tienen contratos temporales. Hay también muchos trabajadores disfrazados de becarios contra su voluntad. Existe además mucha su contratación de programas y mucha dependencia de agencias. La precariedad campa a sus anchas.

Aun así, es perfectamente factible introducir un blindaje especial de la protección laboral de muchos de los trabajadores de los grandes grupos de comunicación privados y públicos. El modelo de contrato se puede establecer como requisito obligatorio en toda empresa que sea concesionaria de cualquier licencia de ocupación de espacio radiofónico o televisivo. El papel de los sindicatos y organizaciones profesionales sería fundamental en el debate, definición, implementación y revisión de estas medidas legislativas.

2. ¿Cómo conseguir que las líneas editoriales respondan a criterios profesionales, a la orientación del medio y a su relación con la audiencia y no a los caprichos de los propietarios? En este caso la solución es la transparencia total, la democracia y la colegialidad.

Para empezar, las directrices editoriales sobre el tratamiento informativo de temas y eventos dentro de un medio o una sección de un medio deben ser comunicadas por escrito y deben ser consensuadas por un comité editorial profesional interno que de forma colegiada comparta las responsabilidades editoriales.

Esas directrices editoriales pueden ser renovadas con la periodicidad que se requiera. Para temas que se cubren con regularidad y que hasta cierto punto sean previsibles, no hará falta cambiar las directrices a menudo. Para otro tipo de asuntos, por ejemplo una catástrofe o un ataque terrorista, el comité editorial tendrá que mantenerse reunido permanentemente e ir acordando las directrices que procedan según se desarrollen los acontecimientos.

Lo importante de estas directrices es que 1) deben ser comunicadas, en sus puntos básicos, siempre por escrito, para que haya constancia, y 2) definirán, con valor contractual, el marco de autonomía profesional del periodista ante cada noticia.

De ese modo las directrices no sólo se convierten en una herramienta de disuasión ante los abusos editoriales sino en un elemento clave en el mecanismo de protección laboral del periodista. En pocas palabras: el periodista que respeta esas directrices no puede ser sancionado ni despedido por incumplimiento de contrato.

Obviamente, si estas medidas legislativas se pusieran en marcha los medios de comunicación privados dejarían de ser un sector atractivo a los que invierten en ellos con el fin de obtener ventajas políticas y económicas a cambio de favores mediáticos a los políticos u a otras empresas. Es muy posible que algunos accionistas pusieran en venta sus participaciones el día que se anunciaran estas medidas. Respuesta: A enemigo que huye, puente de plata. Esto nos ahorraría muchos esfuerzos regulatorios en materia de concentración empresarial.

¿Qué consecuencias tendría la salida del capital de magnates e inversores ajenos a los medios del sector privado? Los ERE volarían en algunos medios.

Y es ahí donde entran en juego los medios públicos y los autogestionados como empleadores alternativos para muchos de estos trabajadores.

Necesitamos unos medios públicos que sean ejemplo de transparencia y profesionalidad y que estén preparados para hacer frente a los retos educativos, cívicos y comunicativos de la sociedad digital. En este sentido la BBC (antes de que el gobierno de David Cameron empezara a amenazar a sus directivos y empleados con un cambio en la fórmula de financiación) es un ejemplo a tener en cuenta en algunos aspectos.

Los objetivos de esta nueva red de medios serían:

  1. ofrecer información profesional, honesta y  atractiva;
  2. la producción de contenidos de alta calidad para escuelas, universidades, empresas y público en general;
  3. la articulación del debate y la participación ciudadana en torno a asuntos de interés público;
  4. convertirse en un medio de calidad respetado internacionalmente que atraiga audiencias globales;
  5. liderar la innovación en tecnologías educativas y de la comunicación.

Por supuesto, para poner en marcha este gran proyecto harían falta más profesionales, algunos de los cuales provendrían de medios privados en quiebra, y también fuentes de financiación variadas, incluyendo venta de programas y servicios al sector privado y a otras cadenas del mundo.

Este medio público, o red de medios, tendría los siguientes principios constitucionales:

  1. la vocación de servicio público;
  2. la transparencia en la toma de decisiones editoriales;
  3. la colegialidad y democracia interna
  4. y el respeto a la autonomía profesional y los derechos laborales de los trabajadores de la información.

En en cuanto a su gobernanza, los consejos rectores tendrían una composición lo suficientemente diversa como para impedir la manipulación política del gobierno de turno. Se crearían mecanismos para permitir la participación de los ciudadanos, los sindicatos y las organizaciones profesionales en la toma de decisiones.

Además de medios públicos robustos y eficaces también necesitamos más medios privados en los que los protagonistas sean sus profesionales, por supuesto. El Estado debe facilitar y apoyar la creación de cooperativas de trabajadores de la información que asuman la gestión de medios que vayan a ser abandonados por sus propietarios. Estas cooperativas también pueden jugar un papel importante prestando servicios especializados a los medios públicos. Hay otros modelos muy interesantes, como el de el Diario.com, que merecen ser considerados. El Diario.com es una empresa privada con accionistas que son periodistas que tiene socios, lectores, que apoyan el medio.

Y en cuanto a la concentración de medios en manos de pocos propietarios, una breve observación: me preocupa mucho y hay que regularla, pero es posible que la regulación por sí sola no resuelva el problema de la manipulación interesada de la información. De hecho, la manipulación descarada se da tanto en los medios grandes como en las pequeñas empresas que disfrutan licencias concedidas por las Comunidades Autónomas, o en los pequeños medios digitales “independientes” y cavernarios.

Creo que si se aborda primero el estatus profesional del periodismo y su democratización en un entorno laboral, y esto provoca una reestructuración del sector de medios privados, la solución regulatoria para el tema de la propiedad será mucho menos complicada legislativamente y por tanto estará menos abierta al fraude y será más fácil de administrar.

Las ciber-utopías de un mundo mucho más libre e interconectado están cada vez más cerca. Los poderes públicos deben garantizar que las herramientas y plataformas comunicativas que permiten avanzar hacia un mundo mejor, más colaborativo y justo, están al servicio del pueblo, de la comunidad global, no al servicio de los de oscuras corporaciones privadas y magnates.

Adiós, PP, adiós Humanidades

Se acerca el final del PP. Es hora de recapitular. Debemos empezar a reconocerle sus “méritos” cuanto antes, para darle mayor resonancia a esas salvas de honor con las que toda la gente de bien de nuestro país y del resto del mundo le despedirán.

Por mi parte, me gustaría contribuir a este ejercicio ascético y colectivo dando fe del papel desempeñado por el partido de Aguirre, Bárcenas, Rajoy y tantos otros a la redefinición en nuestro país de las Humanidades y el conocimiento crítico.

Como todos sabemos, durante los dos periodos de gobierno PP (1996-2004 y 2011-2015) se promovieron con gran éxito, coincidiendo con la revolución digital, numerosos centros de conocimiento de inspiración pseudo-cristiana. En paralelo, los viejos programas de estudio provenientes de la “raída escolástica” fueron transformándose en atractivos “grados” por los que había que pagar cada vez más. Con el fin de impulsar la movilidad social, el nivel de exigencia académica de estos estudios era inversamente proporcional a la renta de los padres del estudiante. “Que aprendan más los pobres, que más falta les hace, jóder”, era uno de los lemas de esta brillante generación de hombres y mujeres de Estado.

En este contexto, y al socaire del proceso de depuración neocarlista del pasado puesto en marcha en círculos pseudo-liberales subpirenáicos, surge una metodología histórica que ha sido comparada, por su carácter disruptivo, con inventos como el paraguas o el caramelo con corazón de chicle. Se trata del “materialismo dialéctico-futbolístico”, una verdadera cosmovisión alternativa para la interpretación de un mundo como el nuestro, contaminado y deformado por los marxismos.

Pero ¿cómo se aplica el “materialismo dialéctico-futbolístico” a la historia?

Todo buen historiador debe partir de la siguiente premisa: hay conceptos que tienen una esencia casi intemporal como la “libertad”, “el Islam”, “España” o la “democracia” que funcionan a modo de balones de fútbol. La historia, pues, se entiende como un partido de fútbol, más o menos rápido en función de la audiencia, en el que los distintos personajes históricos que mejor conocemos, o que mejor nos caen, se van pasando la pelota.

Veamos un ejemplo de la metodología en cuestión aplicando el concepto “democracia” a la explicación crítica de las últimas Guerras globales en Oriente Medio:

El portero Dios saca de puerta. El lateral izquierdo, a la sazón editor jefe del Deuteronomio, recibe la “democracia” y se la cruza a San Pablo. Tras varios toma-y-dacas en un centro del terreno dominado por las comunidades cristianas y los cruzados, El Guerrero del Antifaz le pega un regate en corto a Mahoma que lo deja sentado. Lutero, que había entrado a sustituir al lesionado Torquemada, se hace con la “democracia”. Lutero se la pasa al capitán del May Flower, éste le centra a un Jefferson que se encuentra con espacio. Esta acción es aplaudida por la Ilustración española, incombustible e incondicional en su Fondo Sur desde el principio del partido. Jefferson avanza y le sirve en bandeja a Tony Blair, que venía lanzado. Éste da un toque rápido de puntera a la “democracia”, se escora a la derecha y de un cañonazo marca un tanto histórico, batiendo al portero Sadam: Democracia 1- Fanatismo 0. Final de la primera parte. Los Hermanos Musulmanes se retiran cabizbajos al vestuario.

Este materialismo dialéctico-futbolístico está muy en consonancia con los tiempos que nos han tocado vivir. Gracias a él, la industria librera y los consumidores podrán ahorrarse miles de páginas. Además, se facilitará la concentración de todo el conocimiento humano en una serie de panfletos-blog y vídeo-conferencias impartidas en centros para-universitarios para su digitalización masiva y posterior almacenamiento en la iCloud.

Los directivos de una conocida tienda digital han confirmado que para el año 2016 todos los archivos mundiales estarán disponibles también en almacenaje fuera de red. Esta opción es la mejor forma de proteger nuestro legado cultural de cualquier ciber-ataque yihadista. De este modo, todos aquellos que quieran custodiar en su propio hogar el santo grial del conocimiento, podrán hacerlo sin dificultad. Está previsto que el lápiz óptico de 16GB salga por 26.66 € e incluya de regalo una jamonera y un rosario.

Dios salve al PP por su visión de juego. Ahora a fichar a algún Mourinho y ya rematamos.

Rectificar es de sabios

El nuevo portavoz parlamentario de economía del Partido Laborista, John McDonell, un economista brillante comprometido con la justicia social, anunció el 25 de septiembre que su grupo parlamentario apoyaría el compromiso fiscal del gobierno conservador, parte de su Budget Charter, o Carta Presupuestaria, y anunció que votarían a favor.

El “compromiso” consistía en obligar al Estado legalmente a no incurrir en déficit en ciclos económicos “normales”. La decisión de qué es “normal” quedaría en manos de la llamada Oficina de Responsabilidad Presupuestaria que, a día de hoy, establece que si la economía crece por encima del 1% anual, hay “normalidad”. (Sobre el tema del crecimiento económico escribí algo interesante hace poco: “Crecimiento sin Empleo”).

El apoyo de los laboristas a la Carta Presupuestaria desconcertó a mucha gente en la izquierda real. La mayoría de comentaristas lo interpretaron como un gesto conciliador de los laboristas de cara al público y al establishment: los laboristas son gente responsable que nunca gastará por encima de las posibilidades del Estado. Yo mismo lo defendí (“Living within our means?”) como algo que no era necesariamente malo porque pienso que el compromiso de no gastar más de lo que se tiene también obliga a recaudar mucho más, no sólo a contener el déficit. Y aquí en Gran Bretaña hay tantísimo por recaudar… Somos la oficina central de los paraísos fiscales.

Sin embargo, y para sorpresa de todos, el portavoz de Economía Laborista anunció el lunes 12 de octubre que su grupo parlamentario iba a votar en contra de ese compromiso, que habían cambiado de opinión. John McDonell explicó muy bien por qué habían tomado esa decisión y creo que tiene mucha razón tal y como lo presenta. Hay coherencia.

Este U-turn (“giro de 180 grados” en inglés) ha sido criticadísimo por los medios británicos que están, unánimente, en contra del nuevo líder laborista, Jeremy Corbyn, que fue quien nombró a McDonell arropado por un masivo apoyo de las bases de izquierda. Por cierto, La postura de los medios, que dependen de los bancos, de las empresas anunciadoras y, en el caso de la BBC, de un Partido Conservador que ha amenazado con recortarle su autonomía, no es de extrañar. Corbyn es un socialista real, no como Tony Blair y su panda. (Ojalá en Inglaterra tuviéramos algún medio de comunicación que decidiera destetarse del capitalismo financiero, como en España ha sucedido con algún periódico en línea. Otro gallo nos cantaría, aquí y en Europa).

Pero es que además en nuestra sociedad británica cambiar de opinión está muy mal visto. Los británicos son unos fanáticos de la previsibilidad. Por eso les gusta la puntualidad, la planificación detallada, la prevención de riesgos, los seguros, las estadísticas, todo tipo de anuncios y avisos… La indignación de mucha gente por el viraje de los Laboristas se debe sobre todo a que rompe con esa convención social y cultural que a veces explica esa amable cabezonería de los europeos del norte. Las palabras que se usaron para valorar el viraje laborista eran muy fuertes. Incluso los más refinados, en una sociedad donde la mesura expresiva es un atributo de las clases medias y altas, usaban términos como “shambolic” (caótico, incompetente, desastroso).

Pues bien, yo le doy la bienvenida a esta nueva forma de hacer política sabía, valiente y sin prejuicios: los errores más estúpidos que cometemos son los que no rectificamos.

Espero que en España, donde somos campeones mundiales de la genial improvisación (la coherente), la gente no se avergüence de rectificar en las elecciones del 20-D.

Tony Martin-Woods 2015

CC BY-NC-SA

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El desfile del 12 de octubre

No liberé París,

ni perdí Gibraltar,

ni gané en Lepanto,

ni masacré en América,

ni me prohibieron mi cultura,

ni aniquilaron mis instituciones,

ni le di al mundo una gran lengua,

ni tan siquiera forjé esa Transición,

ni fui con la cabra a “pacificar” Irak.

Que me dejen en paz con su pasado,

que no me torturen con sus historias,

que ya tengo yo bastante con las mías.

Ya sé que Francisco Franco fue un criminal de Guerra,

(como Blair y Bush, pero sin ganar elecciones y sin guante blanco)

cuyos secuaces asesinaron vilmente y sin castigo al hermano de mi abuelo.

Ya sé que el PP es un nido de fachas que se sienten herederos de su bando “nacional”.

Ya sé que el sufrimiento de millones debe ser recordado y donde haya genocidas encontrarlos.

Ya sé que muchos han muerto defendiendo la justicia y deben ser nuestro ejemplo, por su valentía.

Ya sé que si no fuera por el pasado, el presente sería distinto.

Ya sé que debemos evitar los errores de otros.

Pero que se dejen de tonterías y manipulaciones nuestros políticos y sus periódicos:

No me siento ni orgulloso ni culpable por cosas que sucedieron cuando yo no había nacido.

Más nos valdría preguntarnos por nuestra contribución personal como votantes a la Gran Crisis.

Más nos valdría mirarnos al espejo para ver quiénes toleran el expolio de banqueros y empresarios.

Más nos valdría hacer desfilar hoy a nuestros “representantes”, bien esposados, camino de la cárcel.

Copyright © 2015. Tony Martin-Woods
Todos los derechos reservados. All rights reserved.

Adèu Cataluña, hola Catalunya

No estoy en contra del derecho de autodeterminación estatal de nadie. Es más, creo que la autodeterminación como forma de escapar de un régimen político intrínsecamente corrupto como el español y tantos otros, incluyendo el británico o el catalán, por ejemplo, es muy legítima. También acepto la autodeterminación estatal como forma de expresar la propia riqueza político-emocional y cultural, o de formular nuestras aspiraciones con la gente que nos rodea en nuestra propia comunidad o entorno. Yo mismo me autodetermino, culturalmente y políticamente, muy a menudo. El derecho internacional que contempla la autodeterminación estatal como fórmula descolonizadora o como remedio frente a la violación de derechos políticos y culturales es insuficiente para dar respuesta a los deseos legítimos y democráticos de la gente. El mundo ha cambiado.

En el caso que nos concierne, Cataluña, este tipo de análisis en abstracto me resulta personalmente más difícil. Para mí hay tanta cultura y vivencias comunes que comparto con muchos amigos y amigas catalanes, y seguro que con otros catalanes a los que no conozco, que me resulta extraño que de pronto dejemos de compartir nacionalidad o espacio político estatal. Y cuando “siento España”, uno de mis dos Países-Estado (el otro es Gran Bretaña), y pienso en sus problemas, sus culturas y sus gentes, siempre incluyó e incluiré a Cataluña en mi imaginario personal de lo que es España. Y siendo natural de Lorca (Murcia), me siento personalmente, por supuesto, mucho más catalán que griego o portugués. Soy libre de imaginarme lo que yo quiera ¿no? Al fin y al cabo las naciones son fundamentalmente fenómenos psico-sociales.

Me queda el consuelo de que este proceso de independencia ha conseguido que mucha gente se replantee el tema de las identidades nacionales y su necesaria pluralidad. Es imprescindible para el progreso humano que aceptemos que en un solo corazón caben muchas lealtades “nacionales”. El modelo de Estado-nación del Siglo XIX nos imponía una exclusividad unitaria inspirada en la religión monoteísta, en la monarquia absoluta, en el Romanticismo y en las creencias raciales: un solo pueblo, un solo Dios, un solo rey, una sola nación. ¿Por qué no se pueden tener varias patrias nacionales a la vez? En nuestro modelo de relaciones familiares tenemos lealtades emocionales muy intensas, incondicionales y múltiples (padres, madres, hijos, hermanos…), lo cual es mucho más natural, civilizado y práctico. La exclusividad es casi siempre perniciosa.

El tema de la posible independencia de Cataluña es también para mí muy revelador de lo que somos “nacionalmente”, tanto los españoles como los catalanes, por otras razones:

Sin quitarle mérito a los que han promovido con éxito la causa independentista y a quienes han promovido la nacionalidad catalana desde la segunda mitad del Siglo XIX, no me cabe duda de que el independentismo ha conseguido movilizar una masa mayoritaria gracias a las torpezas de sus esperpénticos rivales. Enumeremos algunas:

-El clamoroso fracaso moral, cultural, constitucional, económico y operacional del Partido Popular, liderado antes por un ignorante fanfarrón y ahora por una reencarnación híbrida de Carlos II hinchado a esteroides y Franco con barba. El rechazo del Estatut de Catalunya es probablemente su metedura de pata más decisiva, pero no se puede negar que la incompetencia demostrada por el PP ha sido continuada y profunda.

-La mediocridad política de la otra máquina de poder corrupto (¡Ay, Andalucía!), el PSOE, vendida también al neoliberalismo;

-La bilis premeditada de demagogos como Federico Jiménez Losantos, que a pesar de su pátina liberal alimenta el españolismo más zafio y chulesco;

Todas estas disfuncionalidades españolas, y otras, ha sido usadas en la propaganda independentista de forma muy eficaz en la reedición de un imaginario de “lo español” que no hace justicia de una gran mayoría de españoles y que es tristemente dañino. La interpretación torcida del tema de las balanzas fiscales también ha contribuido mucho a potenciar ese imaginario popular del español rudo, pobre, vago y mantenido.

Esto no quiere decir que el futuro Estado-nación catalán tenga una legitimidad de origen peor que la de Francia o España o los Estados Unidos. Muchos Estados-nación que se me vienen a la cabeza han sido forjados territorialmente con una combinación de violencia y manipulación política, educativa, empresarial y cultural, por una parte, y de procesos de socialización más “limpios” y orgánicos, liderados a veces por verdaderos héroes, por otra. Hoy en día eso de los cañonazos en Europa, afortunadamente, está muy mal visto. Pero la propaganda engañosa sigue operando en muchos nacionalismos, incluyendo el catalán. Hacer pasar a un grupo de gente muy variado, en la era de la comunicación y la libertad de expresión, por un mismo aro nacional es algo más que una obra de ingeniería política, aunque se comparta una lengua y un sentir común como en Cataluña.

Tengo mis dudas serias de que “esta independencia” vaya a ser buena para los catalanes de a pie. Si pienso en los compañeros de viaje del independentismo, Artur Mas y sus secuaces, no me puedo imaginar un nuevo Estado-nación catalán al servicio del pueblo. No es, ni puede ser, un proyecto de soberanía real. Las élites catalanas y las españolas son una misma cosa. Estamos hablando de criminales financieros y fiscales, como Pujol o Rato, y de sus encubridores. En este sentido solo las CUP y Catalunya Sí Que Es Pot, (aunque yo

pueda discrepar en el tema de la independencia) me parecen opciones honestas que inspiran confianza. La alianza ERC-CDC le ha dado la puntilla a Cataluña.

Los retos políticos, económicos y culturales a los que nos enfrentamos en Europa, se resuelven mejor con Estados fuertes (no necesariamente centralizados) que puedan reivindicar con nosotros, con la gente, nuestra soberanía popular. Estos Estados fuertes son los únicos que tienen las herramientas y la envergadura necesarias para plantar cara a los poderes fácticos de forma efectiva. Ante la creciente pujanza de las organizaciones del capital y de los Estados-nación a su servicio, la opción de ocupar democráticamente esos espacios del Estado es la más clara. Es el único resquicio por donde penetrar.

Es cierto que el estatismo no es la panacea y que entraña sus peligros. Hay mucho trabajo que hacer en la democracia de base, la inteligencia colectiva y en la soberanía comunitaria. Pero ese cambio social orgánico necesita procesos sustentados en cambios culturales y políticos paralelos que van, naturalmente, más despacio. Ahora nos urge tomar el Estado. Y si Cataluña se separa, será mucho más difícil tanto para los españoles como para los catalanes alcanzar algún tipo de soberanía económica, social, educativa y política real, porque separados somos más débiles. Mientras nosotros agarramos banderas, ellos se frotan las manos.

¡Salut!