Rectificar es de sabios

El nuevo portavoz parlamentario de economía del Partido Laborista, John McDonell, un economista brillante comprometido con la justicia social, anunció el 25 de septiembre que su grupo parlamentario apoyaría el compromiso fiscal del gobierno conservador, parte de su Budget Charter, o Carta Presupuestaria, y anunció que votarían a favor.

El “compromiso” consistía en obligar al Estado legalmente a no incurrir en déficit en ciclos económicos “normales”. La decisión de qué es “normal” quedaría en manos de la llamada Oficina de Responsabilidad Presupuestaria que, a día de hoy, establece que si la economía crece por encima del 1% anual, hay “normalidad”. (Sobre el tema del crecimiento económico escribí algo interesante hace poco: “Crecimiento sin Empleo”).

El apoyo de los laboristas a la Carta Presupuestaria desconcertó a mucha gente en la izquierda real. La mayoría de comentaristas lo interpretaron como un gesto conciliador de los laboristas de cara al público y al establishment: los laboristas son gente responsable que nunca gastará por encima de las posibilidades del Estado. Yo mismo lo defendí (“Living within our means?”) como algo que no era necesariamente malo porque pienso que el compromiso de no gastar más de lo que se tiene también obliga a recaudar mucho más, no sólo a contener el déficit. Y aquí en Gran Bretaña hay tantísimo por recaudar… Somos la oficina central de los paraísos fiscales.

Sin embargo, y para sorpresa de todos, el portavoz de Economía Laborista anunció el lunes 12 de octubre que su grupo parlamentario iba a votar en contra de ese compromiso, que habían cambiado de opinión. John McDonell explicó muy bien por qué habían tomado esa decisión y creo que tiene mucha razón tal y como lo presenta. Hay coherencia.

Este U-turn (“giro de 180 grados” en inglés) ha sido criticadísimo por los medios británicos que están, unánimente, en contra del nuevo líder laborista, Jeremy Corbyn, que fue quien nombró a McDonell arropado por un masivo apoyo de las bases de izquierda. Por cierto, La postura de los medios, que dependen de los bancos, de las empresas anunciadoras y, en el caso de la BBC, de un Partido Conservador que ha amenazado con recortarle su autonomía, no es de extrañar. Corbyn es un socialista real, no como Tony Blair y su panda. (Ojalá en Inglaterra tuviéramos algún medio de comunicación que decidiera destetarse del capitalismo financiero, como en España ha sucedido con algún periódico en línea. Otro gallo nos cantaría, aquí y en Europa).

Pero es que además en nuestra sociedad británica cambiar de opinión está muy mal visto. Los británicos son unos fanáticos de la previsibilidad. Por eso les gusta la puntualidad, la planificación detallada, la prevención de riesgos, los seguros, las estadísticas, todo tipo de anuncios y avisos… La indignación de mucha gente por el viraje de los Laboristas se debe sobre todo a que rompe con esa convención social y cultural que a veces explica esa amable cabezonería de los europeos del norte. Las palabras que se usaron para valorar el viraje laborista eran muy fuertes. Incluso los más refinados, en una sociedad donde la mesura expresiva es un atributo de las clases medias y altas, usaban términos como “shambolic” (caótico, incompetente, desastroso).

Pues bien, yo le doy la bienvenida a esta nueva forma de hacer política sabía, valiente y sin prejuicios: los errores más estúpidos que cometemos son los que no rectificamos.

Espero que en España, donde somos campeones mundiales de la genial improvisación (la coherente), la gente no se avergüence de rectificar en las elecciones del 20-D.

Tony Martin-Woods 2015

CC BY-NC-SA

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El desfile del 12 de octubre

No liberé París,

ni perdí Gibraltar,

ni gané en Lepanto,

ni masacré en América,

ni me prohibieron mi cultura,

ni aniquilaron mis instituciones,

ni le di al mundo una gran lengua,

ni tan siquiera forjé esa Transición,

ni fui con la cabra a “pacificar” Irak.

Que me dejen en paz con su pasado,

que no me torturen con sus historias,

que ya tengo yo bastante con las mías.

Ya sé que Francisco Franco fue un criminal de Guerra,

(como Blair y Bush, pero sin ganar elecciones y sin guante blanco)

cuyos secuaces asesinaron vilmente y sin castigo al hermano de mi abuelo.

Ya sé que el PP es un nido de fachas que se sienten herederos de su bando “nacional”.

Ya sé que el sufrimiento de millones debe ser recordado y donde haya genocidas encontrarlos.

Ya sé que muchos han muerto defendiendo la justicia y deben ser nuestro ejemplo, por su valentía.

Ya sé que si no fuera por el pasado, el presente sería distinto.

Ya sé que debemos evitar los errores de otros.

Pero que se dejen de tonterías y manipulaciones nuestros políticos y sus periódicos:

No me siento ni orgulloso ni culpable por cosas que sucedieron cuando yo no había nacido.

Más nos valdría preguntarnos por nuestra contribución personal como votantes a la Gran Crisis.

Más nos valdría mirarnos al espejo para ver quiénes toleran el expolio de banqueros y empresarios.

Más nos valdría hacer desfilar hoy a nuestros “representantes”, bien esposados, camino de la cárcel.

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Adèu Cataluña, hola Catalunya

No estoy en contra del derecho de autodeterminación estatal de nadie. Es más, creo que la autodeterminación como forma de escapar de un régimen político intrínsecamente corrupto como el español y tantos otros, incluyendo el británico o el catalán, por ejemplo, es muy legítima. También acepto la autodeterminación estatal como forma de expresar la propia riqueza político-emocional y cultural, o de formular nuestras aspiraciones con la gente que nos rodea en nuestra propia comunidad o entorno. Yo mismo me autodetermino, culturalmente y políticamente, muy a menudo. El derecho internacional que contempla la autodeterminación estatal como fórmula descolonizadora o como remedio frente a la violación de derechos políticos y culturales es insuficiente para dar respuesta a los deseos legítimos y democráticos de la gente. El mundo ha cambiado.

En el caso que nos concierne, Cataluña, este tipo de análisis en abstracto me resulta personalmente más difícil. Para mí hay tanta cultura y vivencias comunes que comparto con muchos amigos y amigas catalanes, y seguro que con otros catalanes a los que no conozco, que me resulta extraño que de pronto dejemos de compartir nacionalidad o espacio político estatal. Y cuando “siento España”, uno de mis dos Países-Estado (el otro es Gran Bretaña), y pienso en sus problemas, sus culturas y sus gentes, siempre incluyó e incluiré a Cataluña en mi imaginario personal de lo que es España. Y siendo natural de Lorca (Murcia), me siento personalmente, por supuesto, mucho más catalán que griego o portugués. Soy libre de imaginarme lo que yo quiera ¿no? Al fin y al cabo las naciones son fundamentalmente fenómenos psico-sociales.

Me queda el consuelo de que este proceso de independencia ha conseguido que mucha gente se replantee el tema de las identidades nacionales y su necesaria pluralidad. Es imprescindible para el progreso humano que aceptemos que en un solo corazón caben muchas lealtades “nacionales”. El modelo de Estado-nación del Siglo XIX nos imponía una exclusividad unitaria inspirada en la religión monoteísta, en la monarquia absoluta, en el Romanticismo y en las creencias raciales: un solo pueblo, un solo Dios, un solo rey, una sola nación. ¿Por qué no se pueden tener varias patrias nacionales a la vez? En nuestro modelo de relaciones familiares tenemos lealtades emocionales muy intensas, incondicionales y múltiples (padres, madres, hijos, hermanos…), lo cual es mucho más natural, civilizado y práctico. La exclusividad es casi siempre perniciosa.

El tema de la posible independencia de Cataluña es también para mí muy revelador de lo que somos “nacionalmente”, tanto los españoles como los catalanes, por otras razones:

Sin quitarle mérito a los que han promovido con éxito la causa independentista y a quienes han promovido la nacionalidad catalana desde la segunda mitad del Siglo XIX, no me cabe duda de que el independentismo ha conseguido movilizar una masa mayoritaria gracias a las torpezas de sus esperpénticos rivales. Enumeremos algunas:

-El clamoroso fracaso moral, cultural, constitucional, económico y operacional del Partido Popular, liderado antes por un ignorante fanfarrón y ahora por una reencarnación híbrida de Carlos II hinchado a esteroides y Franco con barba. El rechazo del Estatut de Catalunya es probablemente su metedura de pata más decisiva, pero no se puede negar que la incompetencia demostrada por el PP ha sido continuada y profunda.

-La mediocridad política de la otra máquina de poder corrupto (¡Ay, Andalucía!), el PSOE, vendida también al neoliberalismo;

-La bilis premeditada de demagogos como Federico Jiménez Losantos, que a pesar de su pátina liberal alimenta el españolismo más zafio y chulesco;

Todas estas disfuncionalidades españolas, y otras, ha sido usadas en la propaganda independentista de forma muy eficaz en la reedición de un imaginario de “lo español” que no hace justicia de una gran mayoría de españoles y que es tristemente dañino. La interpretación torcida del tema de las balanzas fiscales también ha contribuido mucho a potenciar ese imaginario popular del español rudo, pobre, vago y mantenido.

Esto no quiere decir que el futuro Estado-nación catalán tenga una legitimidad de origen peor que la de Francia o España o los Estados Unidos. Muchos Estados-nación que se me vienen a la cabeza han sido forjados territorialmente con una combinación de violencia y manipulación política, educativa, empresarial y cultural, por una parte, y de procesos de socialización más “limpios” y orgánicos, liderados a veces por verdaderos héroes, por otra. Hoy en día eso de los cañonazos en Europa, afortunadamente, está muy mal visto. Pero la propaganda engañosa sigue operando en muchos nacionalismos, incluyendo el catalán. Hacer pasar a un grupo de gente muy variado, en la era de la comunicación y la libertad de expresión, por un mismo aro nacional es algo más que una obra de ingeniería política, aunque se comparta una lengua y un sentir común como en Cataluña.

Tengo mis dudas serias de que “esta independencia” vaya a ser buena para los catalanes de a pie. Si pienso en los compañeros de viaje del independentismo, Artur Mas y sus secuaces, no me puedo imaginar un nuevo Estado-nación catalán al servicio del pueblo. No es, ni puede ser, un proyecto de soberanía real. Las élites catalanas y las españolas son una misma cosa. Estamos hablando de criminales financieros y fiscales, como Pujol o Rato, y de sus encubridores. En este sentido solo las CUP y Catalunya Sí Que Es Pot, (aunque yo

pueda discrepar en el tema de la independencia) me parecen opciones honestas que inspiran confianza. La alianza ERC-CDC le ha dado la puntilla a Cataluña.

Los retos políticos, económicos y culturales a los que nos enfrentamos en Europa, se resuelven mejor con Estados fuertes (no necesariamente centralizados) que puedan reivindicar con nosotros, con la gente, nuestra soberanía popular. Estos Estados fuertes son los únicos que tienen las herramientas y la envergadura necesarias para plantar cara a los poderes fácticos de forma efectiva. Ante la creciente pujanza de las organizaciones del capital y de los Estados-nación a su servicio, la opción de ocupar democráticamente esos espacios del Estado es la más clara. Es el único resquicio por donde penetrar.

Es cierto que el estatismo no es la panacea y que entraña sus peligros. Hay mucho trabajo que hacer en la democracia de base, la inteligencia colectiva y en la soberanía comunitaria. Pero ese cambio social orgánico necesita procesos sustentados en cambios culturales y políticos paralelos que van, naturalmente, más despacio. Ahora nos urge tomar el Estado. Y si Cataluña se separa, será mucho más difícil tanto para los españoles como para los catalanes alcanzar algún tipo de soberanía económica, social, educativa y política real, porque separados somos más débiles. Mientras nosotros agarramos banderas, ellos se frotan las manos.

¡Salut!

Con Corbyn, sí se puede

La victoria de Jeremy Corbyn es un acontecimiento de magnitud histórica para Gran Bretaña y para Europa. Después de casi dos décadas de confusión (o perversión) ideológica, el Partido Laborista puede reivindicar de nuevo como suyos los valores de la decencia, la justicia, la tolerancia, la compasión y el juego limpio (estos valores se los había apropiado furtivamente la derecha, dándoles el controvertido nombre de “valores británicos“). El apoyo masivo y el entusiasmo popular que Corbyn ha generado hacen que me sienta muy orgulloso de ser parte activa de la vida de este país.

Hay mucho trabajo por delante. En este país no es oro todo lo que reluce. La desigualdad campa a sus anchas. El tener trabajo no te saca de la pobreza. Hay mucha ignorancia debido al poder abrumador de los medios de comunicación nacionalistas de derechas. El establishment político, mediático y financiero británico es tan corrupto como el de España, y mucho más influyente e interconectado globalmente. Las puertas giratorias y los pelotazos son el pan nuestro de cada día en los Tories (la derecha). Los partidos pueden aceptar donaciones de millonarios y empresas a cambio de todo tipo de favores. Las corporaciones se organizan fiscalmente de manera que pagan impuestos, muy pocos, “a la carta”. La diferencia con el comportamiento de “La Casta” en España es que aquí en el Reino Unido la corrupción es mucho mas fina y sutil, está solo al alcance de una minoría de privilegiados y opera en un régimen legal que hace imposible perseguirla. La gente de a pie no podemos, ni queremos, ser corruptos. El sistema (legal y cultural) lo impide. A quienes tengan curiosidad por este tema les recomiendo que lean la famosa revista “Prívate Eye”.

Las implicaciones para Europa de estos resultados son importantes. Corbyn y los que le apoyamos queremos una UE al servicio de la gente, no de las grandes corporaciones, y estamos convencidos de que para tener una Europa próspera, justa y feliz, hay que reclamar la soberanía financiera para nuestros Estados y pueblos y para la Unión en su conjunto. Eso solo se consigue con cambios políticos que pongan a la gente como protagonistas de su destino.

¿Qué debe hacer Corbyn ahora?

Como dije en en otro artículo, The Corbyn Identity, su prioridad debe ser la reforma de los procedimientos de participación política dentro del Partido Laborista. Es necesario abrirse mucho más a los miembros, simpatizantes y afiliados del Partido Laborista (hay tres formas de militancia en estos momentos) y al resto de la sociedad. Pero este cambio no urge solo por una cuestión de principios. La única forma de conseguir que los diputados laboristas que defienden unas políticas y un discurso de centro (muchas veces por razones de estrategia) se sumen a este proyecto de justicia y dignidad de Corbyn es someterlos, a través de la democracia interna, al escrutinio y al mandato democráticos. En este país a las élites les gusta presumir de ser ejemplo de democracia, entre otras cosas para mantener al pueblo engatusado. Gran Bretaña como faro del mundo libre. A los medios y políticos de derechas les resultará difícil justificar sus críticas a un Corbyn volcado en agendas democratizadoras.

¿Y las reivindicaciones políticas, sociales y económicas? ¿Debe Corbyn descuidarlas en su trabajo parlamentario y de comunicación pública?

No. Lo que sugiero es que “descentralice” mucho el debate público sobre temas económicos y sociales. Que permita que sea su propia militancia, los expertos y las organizaciones sociales y políticas progresistas las que lideren esas conversaciones y reivindicaciones. Que sea el tejido social que respalda las políticas de Corbyn el que lleve la voz cantante. Y que Corbyn y el laborismo escuchen esas demandas y las traduzcan en clave parlamentaria, durante los próximos cuatro años de oposición, pero siempre reconociéndolas como demandas populares. Como en mi anterior sugerencia, esto no es solo una cuestión de principios: Corbyn necesita contrarrestar la imagen de visionario quijotesco y solitario que la prensa de derechas, dominante, le ha asignado y que forma parte de toda una narrativa de descrédito ideológico al que nos tendremos que enfrentar con uñas, dientes y cabeza.

Es hora de la gente en Gran Brataña y en Europa.

Crecimiento sin empleo

El capitalismo se caracteriza por sus crisis cíclicas: crecimiento del PIB, recesión y vuelta a crecer.

Sin embargo, en la versión contemporánea del capitalismo se produce un fenómeno muy preocupante: las mal llamadas “recuperaciones” del crecimiento no vienen acompañadas de una recuperación de los niveles de empleo (jobless recovery).

Clayton Christensen, prestigioso catedrático de Administración de Empresas de la Escuela de Negocios Universidad de Harvard, nos explica por qué en este video (está en inglés pero es muy claro y didáctico). Yo os ofrezco, debajo del vídeo, un resumen del principal argumento de Christensen con una interpretación y conclusión propias.

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Las “inversiones empoderadoras” (en innovaciones que llevan a nuevos productos y a crecimiento), y las “inversiones sostenedoras”, las que simplemente mejoran los productos existentes y que también generan algo de empleo, están últimamente en retroceso en nuestra economía global.

¿Por qué?

El capital inversor en los últimos 10 años se está dirigiendo, salvo en unos pocos sectores, mayoritariamente a las innovaciones para la eficiencia. Estas “inversiones para la eficiencia” no crean nuevos productos ni los mejoran para el consumidor, sino que persiguen al abaratamiento de procesos y otros costes, lo cual conlleva una reducción del empleo.

Aunque estas “inversiones para la eficiencia” liberan capital que bien podría redirigirse a “inversiones empoderadoras”, esto no sucede así en la práctica hoy día. Ello se debe a otro fenómeno llamado la “financiarización” del capitalismo, es decir, la exigencia de que la obtención de rendimiento financiero seguro sea el principal criterio rector de toda la actividad empresarial en la producción de bienes y servicios.

Nos puede parecer lógico y obvio que la maximización del rendimiento sea importante, no lo dudo, pero no puede continuar siendo el principio máximo ordenador de la actividad empresarial. De hecho, las etapas de esplendor económico del Siglo XX se caracterizaron por “inversiones empoderadoras” e “inversiones sostenedoras”.

Entonces, ¿Cómo conseguir que las empresas cambien de forma de actuar?

¿Montamos cursillos de formación gratis para contables y directores de empresa? ¿Exigimos más regulaciones prohibiendo cosas? ¿Damos incentivos fiscales a las “inversiones empoderadoras”, lo cual tiene un coste para el contribuyente y supone una forma de subsidio? ¿Obligamos a las empresas a repartir el trabajo y que trabajemos menos por el mismo dinero?

Para llevar a cabo un intento mínimamente serio de controlar a las empresas sin coartar la libertad individual, que es sagrada, harían falta campañas educativas y de concienciación, toneladas de regulaciones, millones de funcionarios, billones de horas de reuniones para legislar y aplicar esa legislación, y es dudoso que funcionara. Como dicen en mi tierra, “mucho follón, pa ná”.

Entonces, amigo ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Es imposible hacerlo. El capitalismo, que de joven fue rebelde, es un viejo ciego y sordo, pero muy listo y exigente. Por eso continúa perfeccionándose mientras camina victorioso hacia su propio desastre.

Realmente, la única forma de superar sin más dolor la crisis global del capitalismo es montar nuestras propias empresas, en forma de cooperativa o de propiedad común pública, y recuperar, sin acritud y de forma democrática, la soberanía sobre los bancos centrales, para así poder hacer las cosas como pensamos que se deben hacer, por el futuro de nuestras familias y el bien de nuestros pueblos. Pero de eso hablaremos otro día.

¿Un Podemos dentro del PSOE? El caso inglés

¿Te imaginas que de la noche a la mañana el PSOE eligiera un nuevo líder que propusiera políticas similares a las de IU o de Podemos? ¿A que es ciencia ficción? Pues algo así parece estar sucediendo en Gran Bretaña.

En mayo de 2015 el Partido Laborista puso en marcha su proceso interno de elección de líder del partido. Un candidato de izquierda radical, Jeremy Corbyn, se coló en la carrera al recibir, por los pelos y en tiempo de descuento, las 35 nominaciones de diputados requeridas para presentarse al puesto (algunos de los diputados que lo nominaron confiesan que lo hicieron simplemente para generar debate). Los otros tres candidatos, que contaban con el beneplácito de los “grandes” del partido, partían con expectativas considerables, pero en cuestión de semanas el numero de simpatizantes inscritos y afiliados al partido (con derecho a voto) se disparó y los oficialistas se hundieron en las encuestas. Corbyn es ahora el claro favorito.

Las votaciones han comenzado esta semana y se prolongarán hasta mediados de septiembre. Hay un verdadero entusiasmo entre los sectores más progresistas de la sociedad británica. La Corbyn-manía es imparable, a pesar de las zancadillas mediáticas recibidas, y es un fenómeno que tiene apoyo popular real entre los votantes laboristas, digan lo que digan los administradores del Partido Laborista, quienes han puesto en marcha una purga de afiliados draconiana para detectar “entristas” de otros partidos de izquierda, así como Tories, derechistas, que quieren que Corbyn salga elegido porque creen que eso significaría el fin de los laboristas.

¿Cómo es posible que al aparato del Partido Laborista, controlado por los herederos de Tony Blair, se les haya “colado” Jeremy Corbyn?

Para entender este acontecimiento desde una perspectiva española hay que tener en cuenta dos cosas 1) El Partido Laborista en realidad solo es comparable al PSOE en cuanto a la orientación de sus respectivas políticas oficiales. Ambos partidos, a distintos ritmos, han abrazado en las últimas décadas la economía de mercado “libre”, donde la iniciativa corporativa es la norma, como único sistema posible. Sin embargo, hay diferencias fundamentales de naturaleza histórica, orgánica y organizativa entre los dos partidos. 2) Los sistemas parlamentarios de ambos países son muy distintos.

Aquí está la explicación a muy grandes rasgos:

1. Existen “tendencias”, oficialmente reconocidas dentro del Partido Laborista, de izquierda socialista, aunque son muy minoritarias. Sigue habiendo activistas dentro del partido que han continuado denunciando tropelías como la Guerra de Irak, los crímenes contra Palestina o la austeridad. Jeremy Corbyn es una de esas voces limpias del laborismo radical. Al cobijo de la agrupación local del partido del barrio londinense de Islington, donde lo han venido seleccionando como candidato parlamentario desde los 80, Corbyn ha sobrevivido como diputado. Obviamente,  ha votado en contra de muchas iniciativas parlamentarias laboristas contrarias a sus principios durante varias décadas.

2. Es cierto que el descontento con el “nuevo laborismo” de Tony Blair ha empujado a muchos laboristas reales a dejar el partido o simplemente entrar en un estado de hibernación, pero otros continuaron dentro, convencidos de que esa organización era, histórica y políticamente, más suya que de los blairistas. Los partidos políticos de izquierda real fuera del laborismo, al contrario que en España, carecen representación parlamentaria, con la excepción de los Verdes, que tienen un diputado. El sistema electoral británico es mucho más implacable con las minorías a nivel estatal que el español.

3. Por ultimo, recordemos que Partido Laborista fue fundado por los sindicatos para servir de ala política parlamentaria de la Clase Trabajadora. Los sindicatos más fuertes del país siguen siendo hoy día el principal contribuyente económico del partido, en un país donde no hay subvenciones directas a los partidos (ni a los sindicatos). Los “modernizadores” de Tony Blair, con sus propios donantes de fondos al Partido Laborista, tienen, al contrario que las élites del PSOE, una oposición interna substancial y que sigue contando, aunque diezmada, con medios para plantar cara al establishment.

¿Qué futuro le espera al Partido Laborista si Corbyn consigue ganar? ¿Escisión? ¿Empoderamiento popular?

¿Es posible que los partidarios de Corbyn, entre los me cuento a pesar de no militar en el Partido Laborista, podamos construir una alternativa real y sólida al neoliberalismo, en este país y en Europa?

Mar

Cuando el planeta se haga esponja
y tus aguas se hundan roncas,
ahogarás infiernos espurios,
portando vida sagrada
a las entrañas secas que antaño
las conciencias torturaran.

Anfibia memoria eterna,
brújula náufraga y firme,
revela luces alegres
triunfante justicia libre.

Tony Martin-Woods

Copyright © 2014. Tony Martin-Woods (A.M.A.)
Todos los derechos reservados. All rights reserved.

La transvida

Las uvas
no mueren vendimiadas en verano,
transviven vencedoras en el vino,
como el poema en la canción,
como la madre en su niño.

Pero el soldado…

…el soldado muere por la patria,

como el dialecto por la lengua,
la noticia por el medio,
el crítico por la cátedra
o el poemario por el premio,

como el obrero por la empresa
o el viaje por el transporte,
como el juego por el deporte
o la vaca por la hamburguesa,

sacrificados por él y en él,
en la unidad de un espíritu falso,
sin honor, a toda hostia,
por los años de los años,

Amén

Tony Martin-Woods

Copyright © 2014. Tony Martin-Woods (A.M.A.)
Todos los derechos reservados. All rights reserved.

Publicado en Los viajes de Diosa.

Foto: Cementerio en Adel, Leeds.

Al crecerme la vida

Al crecerme la vida,
alimentada de emociones,
se me derrama a borbotones mi pasado
encharcando la tierra humilde,
haciendo del polvo barro.

Al crecerme la vida,
hostigado por la avaricia del tiempo,
me embriago con tragos de memorias fermentadas
en cubas digitales,
destiladas en las redes.

Al crecerme la vida
nos crecen los muertos.

Al crecerme la vida
me crecen los sueños.

Tony Martin-Woods

Copyright © 2015. Tony Martin-Woods (A.M.A.)
Todos los derechos reservados. All rights reserved