Pepe

Poema de Los viajes de Diosa dedicado a las víctimas del sistema capitalista, depredador y salvaje, y a quienes se solidarizan con ellas con su generosidad personal y política. Con la esperanza de que se produzcan cada vez más eclipses de esas lunas cuadradas y frías, de esas neveras limpias y peladas que se abren en la oscuridad de la cocina. Con el deseo de que muchos bienhechores, como Pepe, a quien a veces se le ve camino del cajero automático acompañado de gente que necesita dinero para alimentar a sus familias, avancen desde su hermosa generosidad a la solidaridad transformadora. La crisis es el producto de la negligencia de los mal llamados “creadores de riqueza” y de la incompetencia de los políticos. Ningún “contrato único” ni ninguna promesa de crecimiento económico privado puede aliviar esta situación. Necesitamos tomar conciencia de las razones que hay detrás de tanto sufrimiento para encontrar soluciones adecuadas y duraderas.

La Vida Sociedad Cooperativa

Dedicado a las víctimas de los recientes atentados de París, Beirut y Ankara, así como a quienes han fallecido en lugares más lejanos del mundo como resultado de la crueldad masiva, por acción y por omisión, de tantos seres humanos.

 

La Muerte es una de las directivas más incomprendidas de esa gran cooperativa llamada “La Vida”, aunque, a la hora de verdad, en la asamblea que la organización celebra anualmente los socios reconocen (con cierta renuencia, debo admitir) que la contribución de Doña Muerte al buen funcionamiento de La Vida es esencial.

El trabajo de La Muerte es delicado de por sí, pero en los últimos siglos se le ha complicado aun más y le resulta difícil ya esconder su preocupación:

Un grupo de cooperativistas ambiciosos, por cuenta propia y riesgo de todos, montó una sociedad limitada que subcontrata infinidad de servicios a La Vida, incluyendo algunos que requieren la implicación de Doña Muerte, nuestra rigurosa directiva.

La falta de ética natural y de estrategia de estos emprendedores está poniendo en peligro no solo a su sociedad, sino a la mismísima cooperativa. Lo que en su día parecía un interesante proyecto de deslocalización y diversificación que diera a luz a un nuevo actor empresarial, posible aliado estratégico de La Vida, está resultando ser un desastre total basado en odio y mentiras.

Al principio, cuando se pusieron en marcha, solían reclamar la presencia de La Muerte con avisos caprichosos inesperados, a veces a medianoche, para temas de sexo, asentamientos junto a ríos y hasta platos de lentejas. Esto excedía los servicios contratados en los que participaba La Muerte, que se ceñían en exclusiva a la caza de herbívoros, y nosequé de unos árboles que decían que talarían para construir unas cabañas y que les causaban algunos problemas de coordinación.

Su agenda,
escrita en hojas de hielo
con una pluma de plata,
revienta de citas
de última hora
e inevitables erratas.

Pero La Muerte
siempre acude.

Si la convocan bien alto
de modo infalible cumple.

Algunos siglos más tarde, La Muerte empezó a detectar una actividad hostil hacia La Vida Sociedad Cooperativa: La nueva sociedad limitada rebelde les hacía la competencia con un producto llamado “cielo” o “paraíso”, o algo así. Tan en serio se lo tomaban que incluso tenían varios programas de formación de personal; arquitectos, escultores y pintores de postín; brillantes literatos escribían sus folletos.

Más tarde, cuando este producto parecía empezar a flaquear, montaron una unidad de investigación y desarrollo a la que llamaron “Ciencia”. Aunque sus descubrimientos le causaban a La Muerte crecientes quebraderos de cabeza por la cantidad de visitas que a veces se cancelaban, a ella no le importaba en absoluto. Esta actividad innovadora no era contraria a los valores de la cooperativa.

El problema más grave, las gotas que colmarían este amargo cuenco de divergencia societaria, se le presentó a Doña Muerte cuando un grupo especial del Departamento de Ciencia se puso a trabajar, en busca de plusvalías, en proyectos de producción masiva de eficiencia racional organizada, algo que sus expertos de marketing denominaron astutamente “Progreso Industrial y Modernidad”.

De pronto, la presencia de La Muerte empezó a ser requerida en eventos en masa: bosques salvajes y talas organizadas; vertidos en aguas; hambrunas silenciadas; polución de los aires; campos de batalla.

La Muerte es reservada,
tímida,
las multitudes le hacen sentirse sangrienta,
ruin,
malvada,
de ahí que se empeñe siempre,
ínfima,
sobria,
discreta,
en recorrer silenciosa,
La Vida por su trastienda,
para nunca aparecer
donde nunca se le espera.

Aún recuerda aquel día
cuando unos bastardos armados
con reacciones despavoridas
apresurados la invocaron
en Nagasaki e Hiroshima.

Aún sufre pesadillas
con las gélidas memorias
de sus viajes a Alemania,
a esas cámaras de gas
llenas de vidas en pena,
y a las estepas disidentes
y a los campos de miseria
de esos nortes humillados
por Stalin y sus “guerras”.

Hay quien suele pensar que Doña Muerte es exquisita por tener chófer propio y evitar sórdidos andenes y vagones repletos de gente, pero reconozcamos que esta señora merece un poco de exclusividad. Su profesionalidad, su actitud respetuosa, y su interminable y unívoca lealtad a La Vida, son ejemplares:

La Muerte es solo fiel a La Vida
y no rinde culto a ser alguno.
Si la llaman en nombre de ídolos,
su temple se torna en blasfemia
que retumba en todo el mundo.

La Muerte nunca mezcla
la diversión con su trabajo
y procura no interferir
en el gozo de los demás,
por eso le atormenta
que la inviten a las fiestas,
como hace poco en Afganistán,
donde se presentó en una boda,
o ayer noche en París,
donde la llevaron a un concierto
y hasta tuvo que ir de bares.

Todavía sigue llorando
por lo que le hicieron pasar.

Debido a este déficit estructural, que ya viene de largo, la mayoría de socios de La Vida se sienten amenazados y han propuesto en su asamblea general, indignados, un ultimátum a esa otra sociedad, limitada y paralela, que camina orgullosa, fanática y ciega, a la insolvencia absoluta, a la liquidación programada:

Si en las próximas horas no se aprecian cambios radicales en La Humanidad Sociedad Limitada, se resolverán todos los contratos entre ambas entidades.

También parece ser que habrá una reunión de emergencia entre los directivos de la cooperativa, incluida La Muerte, y todos los accionistas de La Humanidad.

Espero que, al menos, eximan de asistir a este transcendental encuentro a quienes hayan formulado denuncias internas de esta corrupción corporativa. A estos colaboracionistas se les debería permitir seguir siendo miembros de la cooperativa, aunque solo sea como miembros rasos, por su dedicación, valentía y compromiso con La Vida.

Cabe la posibilidad de que La Muerte no haya perdido su conocida aversión a las muchedumbres y que finalmente se convoque a la reunión solamente a los cuadros de mando de La Humanidad, pero esto es solo una especulación mía.

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En la imagen, Santa Catalina de Alejandría de Konrad Witz (c.1400-1445) interpreta, solo en este relato, el papel de La Muerte blandiendo su espada y consultando su agenda.

La regulación de los medios

Nuestra realidad política y económica, hasta en sus aspectos más íntimos e insospechados, se construye a diario a través de nuestra interacción con todo tipo de contenidos en los medios de comunicación. El poder que ejercen los creadores de opinión e información es real y eso convierte a los medios en un objetivo estratégico para muchas empresas e “inversores” ajenos al periodismo.

La aparición de las redes y comunidades digitales ha introducido variantes y dimensiones muy interesantes, ya que la producción de contenidos se descentraliza y agrupa en torno a diferentes ejes y principios, alterando nuestras concepciones sobre poder y medios.

Por eso, para hablar de regulación de medios de comunicación, no sólo hay que abordar cuestiones de concentración oligopólica y derechos profesionales, sino también de acceso y relevancia digital de contenidos. Por poner un ejemplo: ¿cómo funciona el algoritmo que Facebook usa para decidir qué publicaciones de nuestros amigos nos aparecen y cuáles no? ¿Introduce Facebook un sesgo que limita el alcance de la crítica política en su plataforma? Este quizás sea tema para otro artículo.

Vayamos al asunto que nos concierne: el de los medios convencionales.

En toda relación laboral y profesional se produce algún tipo de tensión, a veces muy dramática, entre los intereses del propietario/empleador y los de los distintos profesionales que participan en los procesos productivos.

Este es el punto de partida de mi reflexión: ¿Cómo resolver ese conflicto cotidiano entre lo que el director de una cadena de televisión o periódico decide que aparezca en las noticias, siguiendo las instrucciones, preferencias o “consejos” de los dueños, y lo que los periodistas quisieran haber podido reportar? En la mayoría de casos existe una relación pacífica en la que la autocensura del periodista y la acomodación mutua entre los distintos eslabones de la cadena editorial actúan de bálsamo. El que decide trabajar a La Razón, por poner un ejemplo, ya sabe dónde se mete.

Sin embargo, este tipo de relación jerárquica basada en la superioridad del propietario es perniciosa. Los titulares del derecho a informar y de la libertad de expresión no son, en el ámbito periodístico, los dueños de los medios. El papel del periodista y del editor no puede quedar reducido al de muñeco del ventrílocuo magnate. La pluralidad informativa no se alcanza ofreciéndole al público una variedad de marcas entre las que elegir, como sucede en el mercado de los refrescos de cola o en el de las cadenas de hamburguesas, y sugiriendo eso de “si no le gusta, cambie de canal”

Por ello a me gustaría abrir, en primer lugar, un debate sobre medios privados en torno a dos temas:

1. ¿Cómo establecer garantías especiales en la relación laboral que permitan al trabajador periodista sentirse con la autonomía suficiente como para negarse a lo que, a su propio juicio, suponga una vulneración de los principios de veracidad y relevancia que rigen su trabajo?

Este tipo de garantías son especialmente difíciles de articular legalmente de forma efectiva dado que muchos periodistas trabajan produciendo crónicas por las que se les paga en régimen de arrendamiento de servicios. Otros tienen contratos temporales. Hay también muchos trabajadores disfrazados de becarios contra su voluntad. Existe además mucha su contratación de programas y mucha dependencia de agencias. La precariedad campa a sus anchas.

Aun así, es perfectamente factible introducir un blindaje especial de la protección laboral de muchos de los trabajadores de los grandes grupos de comunicación privados y públicos. El modelo de contrato se puede establecer como requisito obligatorio en toda empresa que sea concesionaria de cualquier licencia de ocupación de espacio radiofónico o televisivo. El papel de los sindicatos y organizaciones profesionales sería fundamental en el debate, definición, implementación y revisión de estas medidas legislativas.

2. ¿Cómo conseguir que las líneas editoriales respondan a criterios profesionales, a la orientación del medio y a su relación con la audiencia y no a los caprichos de los propietarios? En este caso la solución es la transparencia total, la democracia y la colegialidad.

Para empezar, las directrices editoriales sobre el tratamiento informativo de temas y eventos dentro de un medio o una sección de un medio deben ser comunicadas por escrito y deben ser consensuadas por un comité editorial profesional interno que de forma colegiada comparta las responsabilidades editoriales.

Esas directrices editoriales pueden ser renovadas con la periodicidad que se requiera. Para temas que se cubren con regularidad y que hasta cierto punto sean previsibles, no hará falta cambiar las directrices a menudo. Para otro tipo de asuntos, por ejemplo una catástrofe o un ataque terrorista, el comité editorial tendrá que mantenerse reunido permanentemente e ir acordando las directrices que procedan según se desarrollen los acontecimientos.

Lo importante de estas directrices es que 1) deben ser comunicadas, en sus puntos básicos, siempre por escrito, para que haya constancia, y 2) definirán, con valor contractual, el marco de autonomía profesional del periodista ante cada noticia.

De ese modo las directrices no sólo se convierten en una herramienta de disuasión ante los abusos editoriales sino en un elemento clave en el mecanismo de protección laboral del periodista. En pocas palabras: el periodista que respeta esas directrices no puede ser sancionado ni despedido por incumplimiento de contrato.

Obviamente, si estas medidas legislativas se pusieran en marcha los medios de comunicación privados dejarían de ser un sector atractivo a los que invierten en ellos con el fin de obtener ventajas políticas y económicas a cambio de favores mediáticos a los políticos u a otras empresas. Es muy posible que algunos accionistas pusieran en venta sus participaciones el día que se anunciaran estas medidas. Respuesta: A enemigo que huye, puente de plata. Esto nos ahorraría muchos esfuerzos regulatorios en materia de concentración empresarial.

¿Qué consecuencias tendría la salida del capital de magnates e inversores ajenos a los medios del sector privado? Los ERE volarían en algunos medios.

Y es ahí donde entran en juego los medios públicos y los autogestionados como empleadores alternativos para muchos de estos trabajadores.

Necesitamos unos medios públicos que sean ejemplo de transparencia y profesionalidad y que estén preparados para hacer frente a los retos educativos, cívicos y comunicativos de la sociedad digital. En este sentido la BBC (antes de que el gobierno de David Cameron empezara a amenazar a sus directivos y empleados con un cambio en la fórmula de financiación) es un ejemplo a tener en cuenta en algunos aspectos.

Los objetivos de esta nueva red de medios serían:

  1. ofrecer información profesional, honesta y  atractiva;
  2. la producción de contenidos de alta calidad para escuelas, universidades, empresas y público en general;
  3. la articulación del debate y la participación ciudadana en torno a asuntos de interés público;
  4. convertirse en un medio de calidad respetado internacionalmente que atraiga audiencias globales;
  5. liderar la innovación en tecnologías educativas y de la comunicación.

Por supuesto, para poner en marcha este gran proyecto harían falta más profesionales, algunos de los cuales provendrían de medios privados en quiebra, y también fuentes de financiación variadas, incluyendo venta de programas y servicios al sector privado y a otras cadenas del mundo.

Este medio público, o red de medios, tendría los siguientes principios constitucionales:

  1. la vocación de servicio público;
  2. la transparencia en la toma de decisiones editoriales;
  3. la colegialidad y democracia interna
  4. y el respeto a la autonomía profesional y los derechos laborales de los trabajadores de la información.

En en cuanto a su gobernanza, los consejos rectores tendrían una composición lo suficientemente diversa como para impedir la manipulación política del gobierno de turno. Se crearían mecanismos para permitir la participación de los ciudadanos, los sindicatos y las organizaciones profesionales en la toma de decisiones.

Además de medios públicos robustos y eficaces también necesitamos más medios privados en los que los protagonistas sean sus profesionales, por supuesto. El Estado debe facilitar y apoyar la creación de cooperativas de trabajadores de la información que asuman la gestión de medios que vayan a ser abandonados por sus propietarios. Estas cooperativas también pueden jugar un papel importante prestando servicios especializados a los medios públicos. Hay otros modelos muy interesantes, como el de el Diario.com, que merecen ser considerados. El Diario.com es una empresa privada con accionistas que son periodistas que tiene socios, lectores, que apoyan el medio.

Y en cuanto a la concentración de medios en manos de pocos propietarios, una breve observación: me preocupa mucho y hay que regularla, pero es posible que la regulación por sí sola no resuelva el problema de la manipulación interesada de la información. De hecho, la manipulación descarada se da tanto en los medios grandes como en las pequeñas empresas que disfrutan licencias concedidas por las Comunidades Autónomas, o en los pequeños medios digitales “independientes” y cavernarios.

Creo que si se aborda primero el estatus profesional del periodismo y su democratización en un entorno laboral, y esto provoca una reestructuración del sector de medios privados, la solución regulatoria para el tema de la propiedad será mucho menos complicada legislativamente y por tanto estará menos abierta al fraude y será más fácil de administrar.

Las ciber-utopías de un mundo mucho más libre e interconectado están cada vez más cerca. Los poderes públicos deben garantizar que las herramientas y plataformas comunicativas que permiten avanzar hacia un mundo mejor, más colaborativo y justo, están al servicio del pueblo, de la comunidad global, no al servicio de los de oscuras corporaciones privadas y magnates.

Adiós, PP, adiós Humanidades

Se acerca el final del PP. Es hora de recapitular. Debemos empezar a reconocerle sus “méritos” cuanto antes, para darle mayor resonancia a esas salvas de honor con las que toda la gente de bien de nuestro país y del resto del mundo le despedirán.

Por mi parte, me gustaría contribuir a este ejercicio ascético y colectivo dando fe del papel desempeñado por el partido de Aguirre, Bárcenas, Rajoy y tantos otros a la redefinición en nuestro país de las Humanidades y el conocimiento crítico.

Como todos sabemos, durante los dos periodos de gobierno PP (1996-2004 y 2011-2015) se promovieron con gran éxito, coincidiendo con la revolución digital, numerosos centros de conocimiento de inspiración pseudo-cristiana. En paralelo, los viejos programas de estudio provenientes de la “raída escolástica” fueron transformándose en atractivos “grados” por los que había que pagar cada vez más. Con el fin de impulsar la movilidad social, el nivel de exigencia académica de estos estudios era inversamente proporcional a la renta de los padres del estudiante. “Que aprendan más los pobres, que más falta les hace, jóder”, era uno de los lemas de esta brillante generación de hombres y mujeres de Estado.

En este contexto, y al socaire del proceso de depuración neocarlista del pasado puesto en marcha en círculos pseudo-liberales subpirenáicos, surge una metodología histórica que ha sido comparada, por su carácter disruptivo, con inventos como el paraguas o el caramelo con corazón de chicle. Se trata del “materialismo dialéctico-futbolístico”, una verdadera cosmovisión alternativa para la interpretación de un mundo como el nuestro, contaminado y deformado por los marxismos.

Pero ¿cómo se aplica el “materialismo dialéctico-futbolístico” a la historia?

Todo buen historiador debe partir de la siguiente premisa: hay conceptos que tienen una esencia casi intemporal como la “libertad”, “el Islam”, “España” o la “democracia” que funcionan a modo de balones de fútbol. La historia, pues, se entiende como un partido de fútbol, más o menos rápido en función de la audiencia, en el que los distintos personajes históricos que mejor conocemos, o que mejor nos caen, se van pasando la pelota.

Veamos un ejemplo de la metodología en cuestión aplicando el concepto “democracia” a la explicación crítica de las últimas Guerras globales en Oriente Medio:

El portero Dios saca de puerta. El lateral izquierdo, a la sazón editor jefe del Deuteronomio, recibe la “democracia” y se la cruza a San Pablo. Tras varios toma-y-dacas en un centro del terreno dominado por las comunidades cristianas y los cruzados, El Guerrero del Antifaz le pega un regate en corto a Mahoma que lo deja sentado. Lutero, que había entrado a sustituir al lesionado Torquemada, se hace con la “democracia”. Lutero se la pasa al capitán del May Flower, éste le centra a un Jefferson que se encuentra con espacio. Esta acción es aplaudida por la Ilustración española, incombustible e incondicional en su Fondo Sur desde el principio del partido. Jefferson avanza y le sirve en bandeja a Tony Blair, que venía lanzado. Éste da un toque rápido de puntera a la “democracia”, se escora a la derecha y de un cañonazo marca un tanto histórico, batiendo al portero Sadam: Democracia 1- Fanatismo 0. Final de la primera parte. Los Hermanos Musulmanes se retiran cabizbajos al vestuario.

Este materialismo dialéctico-futbolístico está muy en consonancia con los tiempos que nos han tocado vivir. Gracias a él, la industria librera y los consumidores podrán ahorrarse miles de páginas. Además, se facilitará la concentración de todo el conocimiento humano en una serie de panfletos-blog y vídeo-conferencias impartidas en centros para-universitarios para su digitalización masiva y posterior almacenamiento en la iCloud.

Los directivos de una conocida tienda digital han confirmado que para el año 2016 todos los archivos mundiales estarán disponibles también en almacenaje fuera de red. Esta opción es la mejor forma de proteger nuestro legado cultural de cualquier ciber-ataque yihadista. De este modo, todos aquellos que quieran custodiar en su propio hogar el santo grial del conocimiento, podrán hacerlo sin dificultad. Está previsto que el lápiz óptico de 16GB salga por 26.66 € e incluya de regalo una jamonera y un rosario.

Dios salve al PP por su visión de juego. Ahora a fichar a algún Mourinho y ya rematamos.

Rectificar es de sabios

El nuevo portavoz parlamentario de economía del Partido Laborista, John McDonell, un economista brillante comprometido con la justicia social, anunció el 25 de septiembre que su grupo parlamentario apoyaría el compromiso fiscal del gobierno conservador, parte de su Budget Charter, o Carta Presupuestaria, y anunció que votarían a favor.

El “compromiso” consistía en obligar al Estado legalmente a no incurrir en déficit en ciclos económicos “normales”. La decisión de qué es “normal” quedaría en manos de la llamada Oficina de Responsabilidad Presupuestaria que, a día de hoy, establece que si la economía crece por encima del 1% anual, hay “normalidad”. (Sobre el tema del crecimiento económico escribí algo interesante hace poco: “Crecimiento sin Empleo”).

El apoyo de los laboristas a la Carta Presupuestaria desconcertó a mucha gente en la izquierda real. La mayoría de comentaristas lo interpretaron como un gesto conciliador de los laboristas de cara al público y al establishment: los laboristas son gente responsable que nunca gastará por encima de las posibilidades del Estado. Yo mismo lo defendí (“Living within our means?”) como algo que no era necesariamente malo porque pienso que el compromiso de no gastar más de lo que se tiene también obliga a recaudar mucho más, no sólo a contener el déficit. Y aquí en Gran Bretaña hay tantísimo por recaudar… Somos la oficina central de los paraísos fiscales.

Sin embargo, y para sorpresa de todos, el portavoz de Economía Laborista anunció el lunes 12 de octubre que su grupo parlamentario iba a votar en contra de ese compromiso, que habían cambiado de opinión. John McDonell explicó muy bien por qué habían tomado esa decisión y creo que tiene mucha razón tal y como lo presenta. Hay coherencia.

Este U-turn (“giro de 180 grados” en inglés) ha sido criticadísimo por los medios británicos que están, unánimente, en contra del nuevo líder laborista, Jeremy Corbyn, que fue quien nombró a McDonell arropado por un masivo apoyo de las bases de izquierda. Por cierto, La postura de los medios, que dependen de los bancos, de las empresas anunciadoras y, en el caso de la BBC, de un Partido Conservador que ha amenazado con recortarle su autonomía, no es de extrañar. Corbyn es un socialista real, no como Tony Blair y su panda. (Ojalá en Inglaterra tuviéramos algún medio de comunicación que decidiera destetarse del capitalismo financiero, como en España ha sucedido con algún periódico en línea. Otro gallo nos cantaría, aquí y en Europa).

Pero es que además en nuestra sociedad británica cambiar de opinión está muy mal visto. Los británicos son unos fanáticos de la previsibilidad. Por eso les gusta la puntualidad, la planificación detallada, la prevención de riesgos, los seguros, las estadísticas, todo tipo de anuncios y avisos… La indignación de mucha gente por el viraje de los Laboristas se debe sobre todo a que rompe con esa convención social y cultural que a veces explica esa amable cabezonería de los europeos del norte. Las palabras que se usaron para valorar el viraje laborista eran muy fuertes. Incluso los más refinados, en una sociedad donde la mesura expresiva es un atributo de las clases medias y altas, usaban términos como “shambolic” (caótico, incompetente, desastroso).

Pues bien, yo le doy la bienvenida a esta nueva forma de hacer política sabía, valiente y sin prejuicios: los errores más estúpidos que cometemos son los que no rectificamos.

Espero que en España, donde somos campeones mundiales de la genial improvisación (la coherente), la gente no se avergüence de rectificar en las elecciones del 20-D.

Tony Martin-Woods 2015

CC BY-NC-SA

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El desfile del 12 de octubre

No liberé París,

ni perdí Gibraltar,

ni gané en Lepanto,

ni masacré en América,

ni me prohibieron mi cultura,

ni aniquilaron mis instituciones,

ni le di al mundo una gran lengua,

ni tan siquiera forjé esa Transición,

ni fui con la cabra a “pacificar” Irak.

Que me dejen en paz con su pasado,

que no me torturen con sus historias,

que ya tengo yo bastante con las mías.

Ya sé que Francisco Franco fue un criminal de Guerra,

(como Blair y Bush, pero sin ganar elecciones y sin guante blanco)

cuyos secuaces asesinaron vilmente y sin castigo al hermano de mi abuelo.

Ya sé que el PP es un nido de fachas que se sienten herederos de su bando “nacional”.

Ya sé que el sufrimiento de millones debe ser recordado y donde haya genocidas encontrarlos.

Ya sé que muchos han muerto defendiendo la justicia y deben ser nuestro ejemplo, por su valentía.

Ya sé que si no fuera por el pasado, el presente sería distinto.

Ya sé que debemos evitar los errores de otros.

Pero que se dejen de tonterías y manipulaciones nuestros políticos y sus periódicos:

No me siento ni orgulloso ni culpable por cosas que sucedieron cuando yo no había nacido.

Más nos valdría preguntarnos por nuestra contribución personal como votantes a la Gran Crisis.

Más nos valdría mirarnos al espejo para ver quiénes toleran el expolio de banqueros y empresarios.

Más nos valdría hacer desfilar hoy a nuestros “representantes”, bien esposados, camino de la cárcel.

Copyright © 2015. Tony Martin-Woods
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